El acontecimiento Freud

Primero, la palabra: événement designa, plantea un problema. Hablamos de acontecimiento, pero se trata en verdad de advenimiento, de algo contingente no previsto. El événement (acontecimiento) es contingencia, es decir, no hay una genealogía del acontecimiento del “decir de Freud”, llega de modo inesperado. El acontecimiento es algo desconectado de las determinaciones del Otro, de la historia de las determinaciones. El acontecimiento es algo impactante. Es el caso de Freud, que Lacan lo califica de “L’événement Freud” apuntando al decir de Freud, a que el deseo de Freud no se puede explicar por sus antecedentes, es por ello que es algo que adviene sin saber de dónde. 

En 1970, Lacan se refiere a la conferencia de Foucault ¿Qué es un autor? que se sitúa en los años del “retorno a” (Freud, Marx) algo que ocupó la escena intelectual desde 1960-1970. 

Foucault trata de la relación del autor y el texto y añade un rasgo muy especial: que el retorno no puede sino apuntar a lo que llama “la enigmática juntura entre la obra y el autor”. En este sentido, el retorno a Freud de Lacan es un retorno al acto instituyente, es decir, retorno a ese punto enigmático. Porque es siempre un enigma saber por qué Freud encontró la entrada al psicoanálisis y por qué cuando Freud escribía un nuevo texto la discursividad específica del psicoanálisis se desplazaba y progresaba1

En suma, la tesis de Lacan es que en el “acontecimiento Freud” se trata de la emergencia de una nueva discursividad Foucault2, de un olvido no contingente, un olvido que está ligado a la discursividad misma, que golpea no tanto la literalidad del texto como el acto que lo funda y que lo vincula irremediablemente a su autor. El “retorno a Freud”, el retorno es siempre un retorno al acto instituyente originario, que no podría efectuarse sino a sus expensas, a través de una nueva elaboración discursiva. Lo vemos en Lacan: su retorno a Freud ha producido lo nuevo, (pero, observen que lo recíproco no es cierto: existe lo nuevo que es olvido, es decir, rechazo de la deuda) 

Diez años antes, Lacan había empleado la expresión “el acontecimiento Freud” en relación al Seminario sobre La Ética del psicoanálisis (1959-60), en la Reseña con interpolaciones del Seminario de la Ética. Este texto es difícil de fechar con más precisión, solo decir que está al comienzo de la década de los 60 (Jacques-Alain Miller señala que no puede considerarse como un escrito de Lacan). 

En esta reseña, Lacan escribe que el acontecimiento Freud es “haber leído en la neurosis la confesión del sujeto”3. Este enunciado de la Reseña con las interpolaciones del Seminario de la Ética, nos da pie para introducir tres observaciones:

1.- La primera, tiene que ver con lo que Lacan señala al escribir que en la neurosis algo es leído: “El acontecimiento Freud no ha de aprehenderse en ninguna otra parte sino en los escritos trazados por la mano de Freud: sus obras, como se dice. Por ello mismo, queda fuera del alcance de los que se contentan con hojear dichas obras, caso, por demás, confeso y muy corriente entre los psicoanalistas”4

Esta incapacidad de leer es señalada por Lacan quien dice que “como esa incapacidad de leer no es privilegio suyo, nos vemos en la obligación de advertir que estos escritos no representan la historia del acontecimiento. Los escritos –prosigue Lacan– son el acontecimiento: participan, desde luego, de la temporalidad inherente al discurso … no hay acontecimiento que no se sitúe respecto de un discurso. La práctica de los escritos de Freud permite apreciar que su relación de resguardo, como si se tratase de un rescoldo: porque son el acontecimiento, puede decirse que lo cobijan”5.

Es así como Lacan define “el acontecimiento Freud”, a saber, que el análisis nace de la necesidad de dar un estatuto a lo que se significa en la neurosis: no se trata de saber si el neurótico se engaña o no, ni si su esperanza de felicidad está fundada o no. A lo que apunta un psicoanálisis es a tener en cuenta, e incluso demostrar, la consistencia de lo que organiza las relaciones del sujeto con el deseo y con el goce.

2.- En segundo lugar, Lacan sorprende al decir que lo que es leído en la neurosis es del orden de la confesión (aveu)6. ¿Qué es una confesión? Una confesión es una palabra y el psicoanálisis procede a través de la palabra, no de cualquier palabra, sino aquella de la asociación libre. El sujeto que se implica en la asociación libre va a emplear esta palabra como herramienta, que le va a permitir traducir la realidad en palabras, transformar la verdad en saber. Pero, la palabra es también lo que ordena al superyó, lo que ordena el goce del lenguaje. Por lo tanto, la ética del psicoanálisis es de un orden completamente diferente. El mismo término de confesión nos indica el sentido. 

Pero, una confesión no es solo una palabra, también es una palabra consagrada a las consecuencias que acarrea, que lleva consigo; decir confesión implica decir una palabra que tiene consecuencias. 

Por lo tanto, esta referencia a la confesión nos plantea otra diferencia, la que existe entre el superyó y la ética. El superyó apunta a mantener el sujeto en la cadena significante que lo determina. Por su parte, la ética del psicoanálisis apunta a separar el sujeto de la cadena de significantes que lo colectivizan, la ética del psicoanálisis exige tener en cuenta que el significante no es Todo y esto tiene consecuencias.

3.- Podemos añadir todavía una tercera observación más sobre la fórmula de Lacan: El acontecimiento Freud es haber leído en la neurosis lo que es, no la confesión de un sujeto, sino “la confesión del sujeto”7. 

En efecto, la ética del psicoanálisis no es la ética de una persona, ni la de un sujeto en tanto que se particulariza por tal o cual síntoma. El sujeto del que se trata se define de una manera muy precisa. En esta reseña, Lacan indica que el sujeto no es “más que el agujero que separa a todo otro del goce”8. Esto significa que en el Otro hay una falta de goce, o más exactamente, un goce del que este Otro está irremediablemente separado debido a la cadena significante. 

No todo en el Otro se puede saber y el saber que podamos elaborar a propósito de esta falta en el Otro no podrá alcanzarlo nunca. La cuestión ética se plantea justamente ahí, en ese punto en el que el sujeto queda reducido a no ser sino un agujero.

Vicente Palomera

vpalomeralaforga@gmail.com

 

Notas:

  1. ¿Acaso no es esto lo que Lacan llama lo real? La idea corriente no es que lo real pueda advenir. Más bien, en la definición de lo real, está lo “imposible de evitar”. Por tanto, advenimiento es una expresión muy amplia ya que divide lo real en dos partes. De un lado, está lo real que no debe nada a lo simbólico ni a lo imaginario (por ejemplo, un Tsunami o la no proporción sexual sobre la que fue tan insistente Lacan, pertenecen a este orden, el de lo real de la naturaleza o de la vida). Pero, lo “imposible de evitar” no se reduce solo a eso ya que también tenemos la palabra destino que, en el lenguaje, se usa para hablar de lo imposible de evitar.

  2. ¿Qué es un autor? Es alguien que produce un desgarramiento en el discurso amo y se hace un nombre. El acontecimiento Freud es la aparición de un nombre que produce en el discurso preponderante un desgarramiento, que reordena el conjunto del saber y lo que viene a constituir un punto de lo real. Lo que Freud introduce es un real en la civilización occidental: la pulsión y el inconsciente (como un saber sin yo). En L’étourdit, Lacan vuelve a hablar de un retorno al decir de Freud, a saber, “no hay relación o norma sexual”.

  3. Lacan, Jaques. Reseñas de enseñanza. Manantial, Buenos Aires, 1988, p.9.

  4. Ibid., p. 6.

  5. Ibid., p. 7.

  6. Ibid., p. 19.

  7. Ibid., p. 9.

  8. Ibid., p. 9.