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El niño y el acto
El niño y el acto
Begoña Isasi
La cuestión del psicoanálisis con niños es un punto crucial del psicoanálisis lacaniano. Hay dos grandes escollos: la sexualidad femenina -el Otro goce- y el psicoanálisis con niños1. Ambas están articuladas, como veremos más adelante.
El psicoanálisis con niños no es una especialización, no hay analistas de niños y de adultos, sino que hay un analizante que pone a un Otro en posición de analista y es responsabilidad de este destinatario decir sí o no.
“Desde siempre, la relación con el niño ha sido un lugar de vanguardia, de invención para el psicoanálisis”2. El niño es un sujeto de pleno derecho -como señalaba Judith Miller- sin embargo, tiene su particularidad respecto al adulto, en él hay algo no distinguido aún en la estructura, que remite a la distinción entre el je del enunciado y el je de la enunciación. El niño no ha introyectado el ideal del yo, “se pasea por fuera”3. Está por tanto por surgir la palabra, el fantasma, el ideal, el delirio… Por esto debemos trabajar también con su entorno: los padres -cuya presencia es fundamental-, el colegio, etc. Se trata de acompañar al niño cuando descubre que los padres no saben todo sobre él, sobre sus pensamientos, sobre lo que le anima. La vida pulsional asusta al niño como a todo sujeto. El analista no se presenta como el regulador del goce.
La interpretación en psicoanálisis tiene un principio: no comprender demasiado rápido. Se trata de escuchar al niño sin introducir un saber que aplaste su enunciación. No es seguro que con el niño interpretemos. Interpretar al niño es extraer el sujeto de los significantes del Otro. La producción de un sujeto la podemos pensar del lado del acto, el acto en el niño.
Es el niño quien interpreta, cualquiera que sea su edad, interpreta a su modo. Para trabajar en psicoanálisis es preciso que sea una clínica sin a priori, una práctica de la sorpresa. Por muy joven que sea el niño está siempre capturado en una historia. La interpretación es desarrollar su historia, es decir desvelar el secreto de familia, secreto que es en sí mismo un velo y un velo está hecho para rodearlo. La interpretación apunta a ayudarle a construir su síntoma, es decir, su respuesta a este real.
J.A. Miller hace una diferencia fundamental entre el niño y el adulto: “En el psicoanálisis con niños no es el con lacaniano, sino un con de compañía. Eso quiere decir que el psicoanálisis trata a los niños. Mientras que el con lacaniano (…) es un con instrumental”4. El analista es un instrumento, pero el niño se sirve menos que el adulto de él y por tanto está obligado a tomar más iniciativas que con el adulto. En el trabajo con niños recogemos a través de sus sueños, juegos, dibujos…, sus ficciones simbólicas e imaginarias, las cuales permiten situar la dimensión de goce que aparece para un sujeto: la mirada que asusta, el grito atronador, la boca del lobo, el caballo que muerde…
La metáfora paterna permite afirmar que el niño en su relación con la madre DM, no encuentra resolución a lo que es él, la x, más que por el operador del padre NP, es decir la relación que tiene el padre con la madre. Aquí no hay relación directa del niño con el padre. El niño solo se identifica al tomar del padre la identificación fundamental por la cual asume el deseo de la madre. Según como sea, las consecuencias pueden resultar: perversión, psicosis o neurosis5.
Si partimos de que hay una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de los niños: la sexualidad femenina, ¿cómo se articulan ésta y el psicoanálisis con niños? Para el niño cada mujer se reduce a la madre que es la que plantea la cuestión de la sexualidad femenina, velada por el falo, pero hay un momento que la madre no lo cubre más, no resguarda más el punto de la sexualidad femenina y este es el punto nodal, central, de la pulsión. Así el niño convertido en adulto se reencontrará con la posibilidad de otro encuentro, un encuentro traumático. Se considera un final de análisis en el niño cuando logra resituarse en relación al deseo de la madre a partir del significante paterno6.
E. Laurent comenta que lo que separa al niño de la persona mayor es la ética que cada uno se hace de su goce, la grande personne es aquella que se hace responsable de su goce. En el final del análisis del niño se trata de separarle del goce de la madre, oponerse a que sea el cuerpo del niño lo que responda como objeto a.
Construir el fantasma en el niño consiste en asegurarse de que su cuerpo no va a responder como objeto a, que no sea el condensador de goce de la madre, que no sea su objeto de goce y pueda separarse por medio de construcciones de ficción, una ficción que permita al niño responder sobre el goce de la madre, sobre el goce de la mujer, sin considerar por ello que todo deba apuntar a la identificación edípica7.
Otra perspectiva para leer el síntoma es la que nos aporta J.-A. Miller en el ámbito de los desarrollos de su curso El ser y el Uno, con su texto “Leer un síntoma”8y el comentario que hace en el prefacio al libro de H. Bonnaud, donde plantea una aplicación de leer el síntoma en el niño. Allí propone el inconsciente real como lo imposible de soportar, como lo que hace agujero, troumatisme. A partir de esto ¿cómo plantearse la clínica con niños?
Entrar en el discurso analítico le permite al niño la posibilidad de leer su síntoma, no tanto como un querer decir, sino fundamentalmente como defensa frente a lo real del goce. La interpretación entonces es del orden de la lectura, abordando los objetos, relaciones o actos sintomáticos como significantes, evitando imponer al niño significaciones. Es decir, tener en cuenta el significante y no la significación. Se trata de un lenguaje reducido a su materialidad, reducido a la letra, a su materia significante.
Miller nos indica que en el niño se interviene cuando la defensa no ha cristalizado todavía, lo que nos da una oportunidad que hay que aprovechar. “El sujeto sale aplastado de su encuentro con el lenguaje y renace a un segundo significante. Él renace, born again, del llamado, hecho a un segundo significante. Ahí está entre dos, reprimido, deslizándose, sujeto barrado y que se barra. Si el analista consigue hacerse este significante, consigue milagros con el niño”. Y nos anima a “dirigir una mirada valiente sobre lo real”9.
Begoña Isasi
begoisasigo@gmail.com
Notas:
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Di Ciaccia, Antonio. “El psicoanálisis con niños: una cuestión ética”, Freudiana,14. Paidós, Barcelona, 1995, p. 33. ↑
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Miller, Jacques-Alain. “Apertura a las 11ª Jornadas Nacionales: Desarrollo y estructura en la dirección de la cura”, Carretel, 10. Grama ediciones Bilbao, 2010, p. 12. ↑
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Miller, Jacques-Alain. “Interpretar al niño”, Carretel, 12. Grama ediciones, Bilbao, 2014. ↑
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Ibid., p. 11. ↑
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Laurent, Éric. Hay un fin de análisis para los niños. Colección Diva, Buenos Aires, 1999, p. 28. ↑
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Di Ciaccia, Antonio. “El psicoanálisis con niños: una cuestión de ética”, op.cit., p. 42. ↑
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Laurent, Éric. “Hay un fin de análisis para los niños”. Op.cit., p. 41. ↑
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Miller, Jacques-Alain. “Leer un síntoma”. Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano, 19 julio 2011. ↑
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Miller, Jacques.Aain.: “Prefacio”. En H. Bonnaud, El inconsciente del niño. Del síntoma al deseo saber. Ed. Gredosrid, 2014, pp. 14-16. ↑