EJE
Del trabajo analítico al deseo del analista.
Hablar, leer, decir, hacer
Del trabajo analítico al “deseo del analista”
Laura Canedo
“Es únicamente en el acto psicoanalítico, donde hay que localizar lo que articulo del “deseo del analista”, el que no tiene nada que ver con el deseo de ser psicoanalista”1.
“Deseo del analista” es el sintagma que empleó Lacan en la Proposición2 a fin de dilucidar qué es lo que lleva a un analizante a querer ocupar, al término de su experiencia, el lugar del analista. Ubicó este empalme, este paso, como recubierto de una sombra espesa a disipar, y creó a tal fin el pase, un dispositivo que permite que aquellos que lo deseen, puedan dar cuenta de cómo el análisis modificó la relación con su inconsciente, y lo llevó a querer ocupar el lugar de resto, objeto a, a aquel que devino analista. Se trata de una cuestión que contribuirá a su vez a esclarecer la orientación en todo análisis.
No obstante, ya allí advirtió que hay un real en la formación del analista que provoca su propio desconocimiento, e incluso su negación sistemática.
Lacan hizo de lo real su norte. Incluso su estilo que durante un tiempo apuntó a un “no es totalmente eso”, desembocó en un tratar de circunscribir de la manera más precisa posible aquello que es “totalmente eso”3, es decir, un intento de atrapar lo real, que no por imposible dejó de ser la orientación que propuso y promovió.
En este sentido, Miller definirá el “deseo del analista” en la última enseñanza de Lacan como “deseo de llegar a lo real, de reducir el Otro a su real y liberarlo del sentido”4.
Si bien la apuesta por el pase se mantuvo, no hubo una nueva Proposición, lo que comporta tener que extraer de sus textos a qué nos referimos como “deseo del analista” al final de su enseñanza, siendo que fueron cambiando tanto los fundamentos como la experiencia analítica misma. Veámoslo muy resumidamente.
Fundamentos
El cuerpo no es más que un agujero del que solo captamos el afuera que lo recubre en su forma imaginaria, lo que determina a su vez que el mundo no sea más que captura de unidad de pura forma.
El lenguaje, en el que se sostiene la locura de que hay ser, se encarna en lalengua, siempre particular. No obstante, es también un agujero lo que hay en su centro.
En cuanto a lo real, imposible de alcanzar, ubicó en su centro también un agujero, Urverdrängt, lo reprimido primordial.
El síntoma devino entonces “acontecimiento de cuerpo”5 que alimenta al inconsciente a modo de mecanismo de tornillo sin fin que nunca se descargará del todo. El inconsciente, a su vez, un saber hablado por un cuerpo que se le anuda, y articulado a partir de lalengua. El saber en juego es entonces el del analizante, y es de él, de cada uno, que aprendemos todo lo que es el psicoanálisis.
Cabrá preguntarse entonces, nuevamente, en qué consiste la experiencia analítica.
Experiencia analítica
Deberá haber una entrada marcada por una verdadera demanda de querer deshacerse de un síntoma. También un discurrir diciendo incluso necedades, que sorprendentemente, a modo de polarización, se irá centrando cada vez más en la familia particular (en su papá, su mamá, su infancia…)
Para ello será necesario que, a modo de ley, el analista no hable a la ligera, e incluso que se calle. De esta forma, sobre fondo de silencio irá tomando relieve lo que el sujeto calla al hablar, e incluso el vacío en el que se asienta el sentido. Y a modo de, podríamos decir, oído que lee en ese decir, el analista irá atrapando la particular forma de gozar del inconsciente que habita al analizante. Como si se tratara de una progresión matemática, en esa sucesión se irá descubriendo su particular ley de formación constante, su cifra-miento, la estructura de ficción en la que se sostienen las supuestas verdades, e incluso el agujero del apuntador desde el que se sopla proveyendo de sentido al inconsciente.
Cabrá entonces volver a la pregunta sobre cómo operar con las palabras a nivel de la interpretación; cómo hacer la contra al sentido que no cesa de proliferar; en qué cosiste el acto analítico en el que localizamos el “deseo del analista”.
Interpretación
Retomando la senda abierta por Freud en relación al Witz, Lacan ubicó en el equívoco la operatividad y el efecto de la interpretación que “debe ser siempre el ready-made de Duchamp”6. Sobre fondo de silencio, sin precipitarse, se tratará de elegir entre los significantes del analizante, aquel, aquellos, que permitan hacer resonar lo sonoro que consuena con su inconsciente. Y ya sea recortándolos, dándoles otro uso, dividiéndolos, transgrediendo la gramática, uniendo piezas sueltas… apuntar a romper el sentido. Pero a su vez, la interpretación, en el mismo orden que el síntoma, deberá hacer emerger la verdad que hace falta que el analizante escuche.
“Deseo del analista”
Para poder prestarse a esta función hará falta que el analizante haya hecho todo su recorrido analítico. Que haya podido cernir la causa del propio horror a saber; que haya podido acceder a su Uno sin Otro que dialoga solo; e incluso que haya experimentado la satisfacción propia de aquel que atrapa el mecanismo de la verdad en tanto espejismo construido sobre las mentiras que alimenta con sus atribuciones de sentido.
También, que haya reconocido en su aspiración a “ser un desecho” la paradoja del deseo, el torbellino que apresa, lo que hace causa. Y podrá servirse de ello, de su “ser un desecho” en tanto posición necesaria, y acompañar a aquellos que quieran hacer este recorrido, a condición de haber reconocido en el “ser un desecho” aquello a lo que aspira todo parlêtre sin saberlo7. Y desde allí, prestarse a la neutralidad necesaria a su función en tanto esa especie de aspiración, no hacia lo real sino por lo real8.
Y si lo desea, pondrá a prueba la h(y)storización de su experiencia, lo que contribuirá a modo de claro en la sombra espesa que recubre ese paso, ese deseo que lo ha llevado a querer ocupar ese lugar, el del analista.
Nuestras Jornadas serán la ocasión de dar cuenta de cómo esta orientación se pone en juego en cada caso particular.
Notas:
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Lacan, Jacques. “Discurso en la Escuela Freudiana de París”, Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 289. ↑
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Lacan, Jacques. “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, pp. 261-277. ↑
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Lacan, Jacques. “Conferencias en las universidades norteamericanas (2ª parte)”, Revista Lacaniana de psicoanálisis Nº 21. EOL, Buenos Aires, 2016, p. 21. ↑
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Miller, Jacques-Alain. “Un real para el siglo XXI”, Scilicet. Grama, Buenos Aires, 2014, p. 27. ↑
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Lacan, Jacques. “Joyce el síntoma”, Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 595. ↑
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Lacan, Jacques. “La tercera”, En los confines del seminario. Paidós, Buenos Aires, 2022, p. 130. ↑
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Lacan, Jacques. “El fenómeno lacaniano”, Uno por Uno Nº 46. Eolia, Barcelona, 1998, pp. 11-12. ↑
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Lacan, Jacques. Consideraciones sobre la histeria. EUG, Granada, 2013, p. 40. ↑