Texto de Orientación
Separación y acto
Gabriela Medin
Para orientarnos nos valemos de coordenadas. Tomaré esta vez dos conceptos, acto y separación, como coordenadas para pensar algunas formulaciones de Lacan respecto del tema de nuestras Jornadas. Dos conceptos con implicaciones para la clínica cuya articulación se plantea en distintos momentos de su enseñanza. También son dos conceptos fundamentales para pensar la formación del analista y la clínica del final del análisis.
El acto marca el tiempo del sujeto, hay un antes y un después de él. No hay acto sin separación.
Acto y causación del sujeto
La alienación y la separación son las operaciones lógicas presentes en el acto originario de causación del sujeto. Es la elección forzada, la insondable decisión, en la que se rechaza el ser y se escoge el Otro del significante.
La operación de separación es condición para el advenimiento del sujeto del inconsciente. En su escrito “Posición del inconsciente”, Lacan lo plantea haciendo referencia a la etimología latina: “Separare, separar, aquí termina en se parere, engendrarse a sí mismo”1. Es en el acto de separarse del Otro en el que el sujeto se parte, se separa de una parte de sí mismo y a su vez se pare como sujeto.
La falta en ser es constitutiva, pero la división y lo inconsciente son producto de las operaciones de alienación y separación. Es en la dialéctica con el Otro que se produce la extracción del objeto perdido para siempre, instaurando la repetición en el anhelo de volver a encontrarlo. Lacan lo explica en el texto mencionado:
“Sin duda el “pudiera perderme” es su recurso contra la opacidad de lo que encuentra en el lugar del Otro como deseo, pero es para remitir al sujeto a la opacidad del ser que le ha vuelto de su advenimiento de sujeto”2. Cada ser hablante encontrará su modo singular de hacer con esa hiancia irreductible.
Hay una dimensión clínica extraída de la práctica con niños pequeños en la que verificamos que la intervención del analista puede propiciar que esta separación se efectúe, asistiendo al nacimiento del Otro y del sujeto. A lo largo de la infancia hay distintos momentos en que este movimiento de separación se actualiza en actos que muestran que si el “acto es siempre auto”3es porque separa del Otro. “En el corazón de cualquier acto hay un no. Un no proferido al Otro”4.
Sin embargo, para que esto suceda, en tiempos de infancia, debe haber un Otro encarnado en los padres o adultos que cuidan que pueda soportar ese movimiento del sujeto. En ocasiones el pedido que los padres dirigen al analista tiene que ver con no poder sostener su función frente a esos actos, o no leer allí un acto sino un desafío o un desamor que reciben con desconcierto.
Atender a estas particularidades del tiempo de infancia exige no desconocer que no se trata de la edad del niño sino de tiempos lógicos, ya que, como plantea Miller, “Lacan elaborará una lógica de goma, que permite no quedar prisionero de la linealidad cronológica”5. Son los tiempos lógicos lo que permiten ubicar en qué punto se encuentra respecto de la relación con el Otro, también esos tiempos lógicos marcarán su responsabilidad respecto del acto.
Acto analítico. El camino de un análisis
El concepto de acto es solidario de la orientación por lo real en la práctica analítica. A partir de cierto momento de su enseñanza, Lacan produce un viraje en el modo en que plantea el quehacer del analista. No se trata de dar sentido, un análisis no se reduce a una tarea de desciframiento de la verdad del sujeto, sino de ubicar el goce en juego. En su empeño por situar la especificidad del acto analítico, destaca que, si bien es una operación significante, toma su fuerza del objeto a puesto en juego.
En este sentido, es posible hablar del “acto de entrada”6 de un análisis, que compromete no sólo el significante de la transferencia, sino que el analista se ubique como objeto a, dado que “es desde allí desde donde podrá llevar al sujeto a aprehenderse en su valor de goce”7.
Así el acto analítico se valora por sus consecuencias, tiene efectos en lo real y por eso es irreversible. No se vuelve atrás, implica una mutación del sujeto8. Sin embargo, a su vez, cada acto es fallido en tanto nunca se reencuentra lo perdido, nunca se sutura la brecha estructural determinada por el hecho de que las palabras no pueden decir lo real. Fallido desde el punto de vista del goce, que no se reabsorbe en lo simbólico y que motoriza la repetición9. Esa repetición que se pone en escena en la cura revelando la fuerza del programa fantasmático.
A lo largo de un análisis las interpretaciones y los actos del analista marcan el trabajo del analizante. La separación como operación de corte está del lado del analista, es este corte el que posibilita aislar y leer de otro modo los significantes amo. Es a partir de la escansión del discurso practicada por el analista que “se verá acomodarse la pulsación del borde por donde debe surgir el ser que reside más acá”10.
Esta es la experiencia del análisis. La interpretación apunta justamente al goce en juego en el hablar del analizante, dado que “no existe una interpretación analítica que no esté dirigida a atribuir a cualquier proposición que encontramos su relación con un goce”11.
Llegar al final
En el final del análisis, acto y separación quedan del lado del analizante. “El inconsciente es lo contrario del acto. Así, después de todo, siempre se ha sabido lo que constituye el corazón del acto: aquello con lo que un sujeto, para ser, se libera de los efectos del significante-donde sólo es falta en ser”12.
En la apuesta analítica se pone en juego la pérdida del objeto. Hacia el final de un análisis, una vez atravesado el fantasma, vaciado el sentido y experimentada la inexistencia del Otro, queda el acto de separarse del analista. Se trata de un acto que compromete lo pulsional y que produce un cambio en la economía de goce marcando ese tiempo en el que el analizante deviene analista. El acto de separación del analista implica un desprendimiento en el que se produce también la separación del objeto y el encuentro con el resto de goce indecible. Si decimos que en el análisis se consiente a la pérdida de aquello que venía a tapar que el objeto está perdido, habilitando a partir de entonces un nuevo régimen de satisfacción, queda por ubicar cada vez, como cada ser hablante que ha llegado hasta ahí se las arregla con eso que resta y no cambia.
De la singularidad de este momento dan cuenta los testimonios de pase.
Gabriela Medin
Notas:
-
Lacan, Jacques. “Posición del inconsciente”, Escritos 2. Siglo XXI, México, 2009, p. 822. ↑
-
Ibid., p. 823. ↑
-
Miller, Jacques-Alain. “Jacques Lacan: Observaciones sobre su concepto de pasaje al acto”, Infortunios del acto analítico. Atuel, Buenos Aires, pp. 39-55. ↑
-
Ibid. ↑
-
Miller, Jacques-Alain. “El caso Sandy según Jacques Lacan”, ¿Con qué sueñan los niños? NED, Barcelona, 2020, p. 55. ↑
-
Bassols, Miquel. El acto de entrada. ↑
-
Ibid. ↑
-
Lacan, Jacques. El Seminario, libro 14, La lógica del fantasma. Paidós, Buenos Aires, pp. 147-161 ↑
-
Lacan, Jacques. Hablo a las paredes. Paidós, Buenos Aires, 2013, p. 32. ↑
-
Lacan, Jacques. “Posición del inconsciente”. Escritos 2. Op. cit., p. 823. ↑
-
Lacan, Jacques. Hablo a las paredes. Op. cit., p. 71. ↑
-
Miller, Jacques-Alain. 1,2,3,4. Tomo I. Paidós, Buenos Aires, 2021, p. 36. ↑