Entradas de Iván Navarro Lluesma
Diferenciar el gesto y el acto
¿Cómo entender y diferenciar lo que es un gesto y un acto? Es una cuestión que llevo tiempo intentando dar claridad. Para ello haré un recorrido rescatando de la clínica del autismo estos rasgos significativos.
En Los cuatro conceptos Lacan expone lo siguiente sobre el gesto y el acto: “se recubren pero, ciertamente, no son idénticos, dado que uno es inicial y otro terminal”1. Lacan coloca del lado del gesto el inicio y por el lado del acto lo terminal.
Pero ¿por qué el gesto es inicial y el acto es terminal? Encontramos en el Seminario 11 que el gesto tiene su temporalidad y una direccionalidad. Puede detenerse sin llegar a una terminación, es decir, solo inicia un movimiento. Por ejemplo, puede haber una intención agresiva de golpear, pero puede quedar suspendida; es un recorrido que se interrumpe. Ese tiempo donde se detiene el gesto, suspendido el movimiento, es lo que Lacan denomina fascinum.
Así pues, tenemos que el gesto inicia un movimiento, un primer tiempo, que queda en la quietud sin una terminación. Aquí podemos rescatar esas escenas de los sujetos autistas donde cogen un objeto y realizan movimientos reiterados que nunca finalizan: inician y antes de llegar o encontrar un fin, retornan de nuevo a su inicio. Están suspendidos en ese fascinum que los suspende en su hacer reiterado.
También podemos rescatar esos movimientos repetitivos, llamados esteriotipias, que no tienen un final: es un gesto que retorna una y otra vez, se reitera. Dicho de otro modo, es como un enjambre de gestos que no puede conectar con otra cosa más allá de eso mismo.
¿Cómo introducir ahora la cuestión del acto? Si el gesto inicia y queda suspendido y se reitera, ¿dónde se encuentra el acto? Lacan, unas líneas más adelante, coloca el acto del lado del tiempo de la mirada, del instante de ver.
Esta introducción de la mirada tiene un efecto en el gesto: da otra temporalidad al movimiento, es decir, concluye el fascinum. Para Lacan el fascinum “es la función antivida, antimovimiento”2, una mortificación.
Por tanto, si hay una conclusión del fascinum habría la posibilidad de introducir algo nuevo, ¿una invención del sujeto?, ¿podríamos decir que esto nuevo, que aparece tras el instante de ver, está del lado del acto? Si fuera así, ¿estaríamos hablando de un corte?
Por hacer un pequeño resumen y clarificar lo expuesto hasta ahora, encontramos lo siguiente. El gesto es un elemento inicial que, si no está determinado o seguido del acto (el instante de ver), queda suspendido y conduce a la mortificación. En la medida en que aparece el acto, mediante el instante de ver, entra en juego la dimensión escópica. Algo de la mirada, algo que se introduce desde fuera, pone punto final a la mortificación.
Pongo de nuevo otro ejemplo de la clínica del autismo para dar cuenta de estas dos dimensiones. Cuando el analista es capaz de introducir, a través de su acto, un nuevo elemento al gesto repetitivo del autista, aparecen otros movimientos y un recorrido diferente. Como, por ejemplo, cuando el autista juega con un cochecito que mueve hacia delante y hacia atrás una y otra vez y el analista introduce un obstáculo o un puente que trace un nuevo trayecto para el objeto.
Si el analista coge el cochecito y hace un nuevo movimiento esquivando el obstáculo o pasando por encima del puente y el autista consiente e imita el nuevo recorrido, es decir, ve al otro, da lugar a un nuevo hacer. Ya no es solo ir hacia delante y hacia atrás, ahora el adelante además rodea o sube. Deja que el otro pueda entrar en su pequeño mundo y, al mismo tiempo, él introduce algo del otro y dando cabida a otros elementos. Es decir, una sucesión de nuevos trazos que alarguen y expandan el hacer del autista.
Podemos apreciar, por tanto, de la importancia de poner el foco en esta distinción imprescindible entre gesto y acto que Lacan planteaba en el seminario 11. Los dos, como decía al principio, se recubren, pero no son el mismo. El gesto está antes del instante de ver, antes de entrar en el juego de identificaciones. El gesto es algo que no está abierto, de entrada, hacia el otro. No se hace para dar-a-ver al Otro.
Ahora bien, si incorporamos otro matiz sobre el instante de ver la cuestión lleva a otras preguntas interesantes. El instante de ver interviene como «sutura, empalme de lo imaginario y lo simbólico, […] el movimiento hacia delante…”3. Es interesante preguntarse en este punto la importancia que tiene el instante de ver para entrar en el campo del Otro, es decir, de salir de ese ensimismamiento donde uno puede quedar atrapado en la eternidad de la reiteración sin fin.
Así podemos entender que aquello que está en el campo de la mirada, si el gesto en tanto movimiento se ofrece a la mirada4, entramos en la dialéctica del deseo.
La cuestión, para mí, es pensar si en el autismo existe una sutura, o una dimensión pareja, que permita empalmar lo imaginario y lo simbólico. ¿Hay algo en sus invenciones que tendría este estatuto?
Es decir, ¿podríamos pensar que se produce un empalme? Y, por otro lado, ¿de qué estaría hecha la sutura?, ¿dónde se produciría y de qué materialidad estaría hecha?
Iván Navarro Lluesma
Notas:
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Lacan, Jacques. El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales. Paidós, Buenos Aires, 2010, p.124. ↑
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Ibid., p. 124. ↑
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Ibid., p.124. ↑
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Ibid., p. 124. ↑