De la angustia al acto analítico

¿Cómo se dirige una cura para llegar con las palabras al goce, conseguir anudamiento entre cuerpo y lengua? Esta es una de las preguntas que V. Vicente1nos deja en su texto de presentación de las XXIV Jornadas de la ELP y que me han puesto al trabajo, en concreto porque esta pregunta engancha directamente con las dificultades que encuentro en mi práctica como analista.

A la consulta nos llegan sujetos acostumbrados a plantear demandas cuya satisfacción requiere inmediatez. Traen un malestar, en ocasiones solo un problema que les importuna en su día a día y realizan una demanda de solución a este problema. En esta demanda el sujeto que la realiza queda solamente como receptor de la respuesta que pide al analista. Nos encontramos con un malestar enquistado por la urgencia de la respuesta. La responsabilidad del sujeto queda fuera, colocando al analista en el lugar del trabajo.

Sin embargo, sabemos que en la relación analítica la posición de ambos participantes es totalmente inversa. El analista ocupa ese lugar de semblante de objeto en esa relación transferencial donde el sujeto que consulta va a trasladar su propia realidad del inconsciente. Lacan lo dice claramente en el Seminario 11 La transferencia es la puesta en acto de la realidad del inconsciente […] La realidad del inconsciente es la realidad sexual”2¿Cómo dar la vuelta a la situación?, ¿cómo revertir el sujeto de la demanda de solución inmediata en analizante?

Esta pregunta interpela directamente a la cuestión del acto del analista, para que, precisamente este acto de lugar a que el sujeto que consulta se convierta en analizante, dando lugar al primer acto analítico: la entrada en análisis. Para llegar a esto el primer paso es conseguir que la demanda se convierta en pregunta. Es esclarecedor como lo explica C. Delcourt “Para que surja la pregunta es necesario dos condiciones, en primer lugar, no precipitar una respuesta a esa supuesta demanda. Luego abocarse a no comprender nada”3.

En este punto es necesario hacer referencia a las particularidades del sujeto que viene a consulta. En la sociedad del siglo XXI la subjetividad viene arrastrada, apresada en semblantes y lo simbólico en cierto modo “es avasallado por lo imaginario, está en continuidad con este”4. Los sujetos vienen con los significantes propios de la época como forma de decir su malestar, lo que no va para ellos. Inhibiciones, crisis de ansiedad, desencuentros de pareja, entre otros van apareciendo poco a poco. No son pacientes que nos traigan síntomas definidos. La angustia atraviesa su decir y la inhibición rige en sus actos.

Todo acto analítico debe empezar por la escucha. Para G. Briole “Aquí está el punto del cual todo depende: para escuchar hay que tener orejas apropiadas y abiertas de la buena manera”5. En esta escucha es necesario estar orientados en un más allá del sentido, y siguiendo a Lacan en su última enseñanza, hacia una clínica de lo real y las posibilidades de anudamiento.

La creciente pobreza de recursos simbólicos actuales para poder enfrentarse a lo real coloca la angustia en primer plano. Esto dificulta el acto del analista y su efecto. Las orejas deben estar bien abiertas a cualquier fluctuar del inconsciente en ese decir sin querer saber del paciente. La introducción del sentido en esos casos bloquea la posibilidad del Sujeto Supuesto Saber en el paciente que no quiere saber de Eso cuando Eso habla. Lacan nos da herramientas: el señalamiento, el silencio, el corte, pero también la paciencia, teniendo en cuenta que el acto del analista está hecho desde el no saber y solamente se convierte en acto analítico si el sujeto que escucha acepta. Vemos en nuestra práctica cómo el tiempo de ver se alarga y el no querer saber bloquea el acto analítico.

S. Freud6nos muestra la importancia de poner palabras a la angustia para deshacer la inhibición que conlleva y permitir la formación del síntoma. Es la construcción del síntoma, en transferencia, lo que puede permitirnos apuntar a lo real. Pero hay veces que la angustia se presenta sola, como un fallo de la defensa ante la pulsión, como nos dice J.-A. Miller7. En estos casos el acto del analista también debe ser la escucha orientada a poner palabras a esa angustia, de manera que pueda situar el real envuelto en ella.

En la clínica actual la impaciencia, la inmediatez y la resistencia a la castración, a la falta, están interfiriendo en esa relación asimétrica entre analista y parlêtre.

Inmaculada Martín Hernández

inmaculadama@gmail.com

 

Notas:

  1. Vicente, Victoria. “El Acto a tiempo. Clínica de las consecuencias”, 2025.  

  2. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 11, Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis. Paidós, Buenos Aires, 1973, pp. 152-156.

  3. Delcourt, Christophe. “La demanda en forma de pregunta”, Cómo orientarse en la clínica. Grama, Buenos Aires, 2019, p. 41.

  4. Miller, Jacques Alain. “Hacia lo Real”, Como Orientarse en la Clínica. Op. cit., p. 11.

  5. Briole, Guy. “Desarticulación y anudamientos”, Cómo Orientarse en la Clínica. Op. cit., p. 15.

  6. Freud, Sigmund. “Inhibición, Síntoma y Angustia”, Obras Completas, vol. XX. Amorrortu, Buenos Aires, 1925-26, p. 97.

  7. Miller, Jacques-Alain. “Niños Violentos”, Carretel, n. 14. Diagonal Hispanohablante y Americana de La Nueva Red CEREDA, Bilbao, 2017, pp. 14 y 15.