El deseo del analista: dos lógicas, dos tiempos

En su esencia, el deseo del psicoanalista es incierto. Si pudiera definirse, demostrarse, la Escuela carecería de razón: su cometido es mantener abierta la pregunta de qué hace que una cura sea psicoanalítica. Pero si es deseo, cabe considerarlo articulado pese a ser inarticulable: ni se lo enuncia ni tiene referente, pero responde a una estructura. Es lapso: el que puede constatarse entre el saber del psicoanalista y su acto. El deseo del psicoanalista remite a una falla epistémica y técnica, pero también ética.

Si el quehacer del analista remite al alcance de su propio análisis, no se confunde con el trabajo analizante: “es necesario que una puerta esté abierta o cerrada, con lo cual estamos en la vía psicoanalizante o en el acto psicoanalítico. Se puede hacerlos alternar como una puerta vaivén, pero la vía psicoanalizante no se aplica al acto analítico, cuya lógica está en su consecuencia”1. El analista no opera desde la asociación libre, principio de la actividad analizante. No asocia: disocia; pero no de cualquier manera. Una lógica funda el lugar que brinda, que depende de la consecuencia de su recorrido analizante. Para pensar el acto analítico Lacan articula la asociación libre a su consecuencia: si bien solo hiló palabras, fue para aislar premisas, y alcanzar una razón que diera al sujeto una posición distinta a la de partida, incrédula de la asociación, pues es ahí donde el sentido ancla. La posibilidad de contrariarlo surge cuando el cifrado fantasmático encontró una resolución, y el analista-producto alcanza a no ser sujeto de sus entendederas inconscientes.

Analizar es consecuencia de que hubo análisis en quién se aviene a ocupa el lugar del analista. Pero consecuencia no se confunde con consecución. En francés, la cita comentada concluye así: “dont la logique est de sa suite2 (traducido por “cuya lógica está en su consecuencia”). Suite es serie, o secuencia, lo que habilita una razón diferente. Así, la lógica legible entre labor analizante y acto analítico no respondería forzosamente a la modalidad del silogismo (de premisas finitas se sigue una conclusión definitiva), sino a la de una sucesión o secuencia algebraica (la aplicación repetida de una ecuación matemática da cuenta de los elementos que la componen y su orden: por ejemplo, la sucesión de Fibonacci). Si el silogismo remite a la proposición, la secuencia pone en juego el cálculo, la cifra. Si con el silogismo Lacan sitúa la posición del sujeto respecto del significante, con la secuencia formaliza la cifra del objeto. Y si el silogismo encuentra una detención, un final, en la secuencia anida la repetición. Esa “puerta vaivén” de la cita. Hay, pues, dos lógicas para los dos índices en jaque en el acto analítico: el factor sujeto, y la cifra de un resto que insiste.

Lógica, en psicoanálisis, sería “la acepción de los efectos del logos y no solamente del principio de contradicción”3. Definición amplia, puede incluir al silogismo como a la secuencia. Así puede concebirse el sintagma “lógica del significante”4, que Miller razona como “estudio del efecto de sujeto en psicoanálisis”5. Efecto patente en las paradojas que la lógica engendra; en “las crisis que el significante causa al pensamiento”6; o en lo imposible de definir un todo sin extraer un significante del conjunto7. Que eso hable (síntoma), que eso lea (sueño), que eso diga (lapsus), o que eso haga (acto fallido) … la raíz es siempre el significante y su principio de no identidad consigo mismo. ¿Qué Otro estatuto del significante estaría en juego, entonces, en el quehacer analítico? Pues éste no se confunde con las formaciones del inconsciente…

El saber que el analista ha extraído de su análisis atañe a la lógica de su fantasma. De esa operación de reducción y formalización entre saber y verdad surge la destitución subjetiva afín al acto psicoanalítico (exógeno al inconsciente, lateral al inconsciente analizante).

El resultado del deseo de analista de Freud fue el significante. No tanto en su diferencia (S1-S2), sino como repetición: el S1 con su efecto de retroacción, retorno de goce ahí dónde el objeto fue perdido. Lacan plantea en 1967 que de ahí deriva el analista: de “ese nuevo estatus del sujeto implicado por el objeto freudiano”8. Es el producto de la erosión de las “coordenadas de identidad significante, el más o el menos como signo de lo que ha de repetirse”9. Es un signo-cifra, que no llama al desciframiento por el sentido. Ajeno a la pretensión filosófica del ser, como a las vacilaciones neuróticas de la falta en ser. La repetición prefigura el Uno que hace deconsistir al Otro.

Lacan afirma luego: “el acto es por sí mismo el equivalente de la repetición”10 el imposible del significante significándose a sí mismo. Solo sería posible llevando al significante a ser índice del goce que nunca hubo, y no representante de un sujeto para otro significante. Usar el significante hasta revelar que solo era valor de cambio: eso desnuda la creencia en el Otro. La verdad se separa de la existencia, que queda del lado del objeto-producto. Lacan, entonces, afirma: “el lazo entre quien habla y la verdad cambia según el punto en que él sostiene su goce. En esto consiste toda la dificultad de la posición del psicoanalista. ¿De qué goza en el sitio que ocupa? Tal es el horizonte de la pregunta que no hice más que introducir marcándola en su punto de fisura con el término deseo del psicoanalista”11.

El goce del lugar de analista, distinto de la operación de saber-verdad que lo produce, ancla su quehacer. Implica un deseo distinto al cifrado por el fantasma: ahí el Otro funda la relación de la no identidad del significante consigo mismo. Si el goce fantasmático es fruto de la división subjetiva causada por la bicefalia del significante, el deseo del analista interroga el goce de la repetición que implica su lugar. El de su cuerpo soportando la densidad transferencial, analizante tras analizante. Conviene demostrar que no es más un goce del fantasma, sino del índice de una destitución. La verifica otra clase de vuelta de tuerca en el trabajo analizante: el que insiste una vez agotada la verdad del síntoma. Su punto de partida es un significante vacío, índice de la reducción del Otro a la repetición: indiferente, aislado.

Héctor García de Frutos

hector.garcíadefrutos@gmail.com

 

Notas:

  1. Lacan, Jacques. “Discurso en la Escuela freudiana de París”, Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 292.
  2. Lacan, Jacques. “Discours à l’École freudienne de Paris”, Autres Écrits. Seuil, París, 2012, p. 275.
  3. Lacan, Jacques. “El psicoanálisis verdadero y el falso”, Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 182.
  4. Miller, Jacques-Alain. “La lógica del significante”, Matemas II. Manantial, Buenos Aires, 1994, pp. 7- 52. Ibid., p. 10.
  5. Ibid., p. 13.
  6.  Ibid., p. 15. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 14, La lógica del fantasma. Paidós, Buenos Aires, 2023, p. 159.
  7. Ibid., p. 169.
  8. Ibid., p. 177.
  9.  Ibid., p. 257.