Entradas de Constanza Meyer
El acto analítico, un acto sin medida pero no sin cierto cálculo
“Todo lo decible está de más
para llegar hay que olvidarse de querer llegar”1.
Tras dedicar un seminario entero a desmontar el cogito cartesiano e introducir otra lógica que permita abordar la función del síntoma y el fantasma en el ser hablante y por tanto también en la orientación de la cura, en su siguiente seminario Lacan tomará como eje al acto analítico planteando de una manera decidida la orientación por lo real. Con la lógica del fantasma da cuenta de la falla en el saber para acceder al goce sexual y apunta a la práctica clínica y la intervención del analista con el recurso al corte y al acto como un modo de cortocircuitar la tendencia a la profusión de sentido, siempre listo a obturar el agujero de lo real.
En una conferencia, que dicta en el Instituto Francés de Milán en diciembre de 1967, unas semanas después de iniciar su decimoquinto seminario, Lacan realiza un recorrido donde se detiene en lo que es un psicoanálisis y en las relaciones de éste con la realidad, pero da un repaso a su apuesta por el retorno a Freud y por una posición ética. Sorprende la vigencia y actualidad de lo que allí dice a una distancia de casi sesenta años, con un Lacan que se define desde las primeras líneas como “realista”, un realismo que aborda ese real que “flota”2 entre los discursos y que no se deja subsumir del todo por ninguno de ellos.
De este modo, el texto ofrece ya una pista acerca de la posición del analista, sobre su lugar en la cura, que se cuidará mucho de presentarse como “[…] la medida de la realidad […]” para que una suposición de saber permita al sujeto que consulta sacudir un poco la creencia en un yo de la voluntad y el control y dé lugar a la emergencia del inconsciente. La tarea del analista, dirá Lacan al final de la conferencia, es la de desbrozar “[…] al sujeto su verdad ofreciéndose él mismo como soporte de ese deser […]”3. Se trata, como vemos, de una auténtica indicación clínica que va directo al corazón de la disyunción entre el goce y el sentido, y deja al descubierto los límites del alcance de la verdad sobre el goce.
Para llegar hasta ahí, partirá de la interrogación acerca de lo que hace que un psicoanálisis sea freudiano, lo que lo llevará a establecer los límites de un campo que sitúa entre la mística, la técnica, la religión, incluso la filosofía y la ciencia.
Se centrará primero en lo que no es un psicoanálisis, señalando que la propuesta misma de la asociación libre impide que la intervención del analista tenga un asidero donde agarrarse, por lo que, entonces, de ningún modo puede tratarse de un método a aplicar. El psicoanálisis es freudiano porque lo es en su eje, nos recuerda.
Así, “[…] lo que se espera de la sesión es justamente lo que uno se rehúsa a esperar por temor a revolver demasiado: la sorpresa […]”4, inherente a la oferta de asociar libremente y que se separa radicalmente de cualquier posible relación entre la causa y el efecto como propone la ciencia.
La causa de la que se trata para el ser hablante es de otro orden y constituye para Lacan un “matter of fact”5, nos dice en este escrito, ante lo que sólo resta sorprender “[…] algo cuya incidencia original fue marcada como traumatismo”. Ese acontecimiento que tuvo lugar en el encuentro entre el cuerpo vivo y el lenguaje se presenta como “matteroffact”, me permito tomarlo ahora como significante sin traducción posible, apuntando tan solo a hacer resonar la materia del goce ahí en juego, un goce que es un hecho y que para el sujeto se presentará de allí en más como una “realidad”.
¿Cómo intervenir, entonces, ahí sino es cortocircuitando esa realidad que se fue instalando como verdad del sujeto a partir de un entramado libidinal? La única intervención posible, entonces, consiste en intentar un recorte de esa realidad con una inscripción significante. Hace falta un acto.
Nombrarlo así no implica necesariamente una acción comandada por una reflexión que podría esperarse del lado del analista, sino que se presenta más bien como un empuje sin sujeto, como dirá Gil Caroz6, acéfalo, rasgo que comparte con la pulsión. Esa característica es lo que le otorga precisamente la posibilidad de hacerle frente a un real que tampoco tiene “cabeza”, por ser sin ley.
Ahí donde la interpretación por el sentido no alcanza a acercarse siquiera un poco a lo real, el acto permite introducir el corte radical con ese significado “en más” siempre dispuesto a añadirse.
Por otro lado, este acto es siempre sin medida y sólo sus efectos podrán dar cuenta de él a posteriori. No obstante, el acto no escapa por completo al cálculo ya que en su mira está la posibilidad de causar un efecto de verdad que teniendo en el horizonte la ausencia de proporción sexual y el fantasma, dé lugar a una ruptura, a una separación. Por eso, Lacan pone el énfasis en la emergencia del decir como aquello “[…] que da lo supremo de lo inconsciente en su esencia más pura. La agudeza nos satisface por alcanzar su equivocación en su lugar”7. Ese efecto del Witz en tanto sacudida del sentido que estalla en risa es el que Lacan propone como el acto capaz de sacar de lugar a ese cuerpo mortificado para revitalizarlo desde la invención de un nuevo arreglo con el goce.
Para ilustrarlo, propongo la lectura de un breve acontecimiento presente en el testimonio del análisis de Esthela Solano con Lacan. Allí, un corte de sesión en una frase que había tenido hasta el momento un sentido indiscutible para la analizante, Je suis trop méchante (soy demasiado mala) permite hacer resonar otra cosa: J’essuie trop, mais chante! (Yo limpio/soporto/absorbo demasiado, pero ¡canta!) golpeando de lleno la vertiente más gozosa de la armadura del “yo soy”. Como ella misma subraya, este acto en su estatuto significante a través del equívoco vino a exprimir “[…] la savia del goce de lalangue en la que el cuerpo ‘se goza’»8. De este modo, dejó de tener peso el sentido de aquella que “cae mal” dando paso a esa verdad que, como dice Lacan en su conferencia de 1967, es “[…] esa satisfacción que el placer no obvia porque ella se exila en el desierto del goce”9.
Constanza Meyer
Notas:
-
Negroni, M., “Poema B 3”, inédito. ↑
-
Lacan, Jacques. “Del psicoanálisis en sus relaciones con la realidad”, Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 371. ↑
-
Ibid., p. 379. ↑
-
Ibid., p. 373. ↑
-
Ibidem. ↑
-
Caroz, Gil. “El acto del analista”, 2025. ↑
-
Lacan, Jacques. “Del psicoanálisis en sus relaciones con la realidad”, Otros escritos. Op. cit., p. 376. ↑
-
Solano, Estela. Tres segundos con Lacan. Gredos, Madrid, 2021, p. 50. ↑
-
Lacan, Jacques. “Del psicoanálisis en sus relaciones con la realidad”, Otros escrito. Op. cit., p. 378. ↑