Entradas de Carolina Martini
Los escollos del acto
Un escollo es un peñasco que está a flor de agua, al ras de la superficie, pero a la vez sumergido. El acto como escollo, justo a punto de manifestarse, a flor de agua, solo es posible de comprobar como acontecimiento a través de una consistencia lógica.
En su exposición sobre el acto analítico, Lacan introduce el momento de su instalación “[…] desde el momento electivo en que el psicoanalizante pasa a psicoanalista”1 y, enseguida, lo ubica “al alcance de cada entrada en un psicoanálisis”2. Devenir psicoanalista implica consentir a ocupar el lugar de resto, tras un arduo trabajo el analizante no se autoriza, como psicoanalista sino a sí mismo; así Lacan sentó las bases en la Proposición del 9 de octubre de 19673. En la larga senda del análisis, de forma lenta, se modifica la relación con el inconsciente y se construye un estilo para llevar adelante un oficio que no está reglado y que se sostiene en torno a una incógnita. El deseo del analista está en el continente del acto mismo que marca este pasaje.
De manera que ese devenir analista se produce en un trayecto con un tiempo lógico que comienza con la transferencia y en el que las formas que toma el Otro van cambiando. En ese recorrido las mutaciones del goce se conjugan y, acompasadas por algunos destellos, acontecen invenciones inéditas. Es en esta travesía que la dimensión del acto se torneará, tal como lo hace la relación del sujeto con la realidad sexual.
Entonces, podríamos hablar de un tiempo del “mientras tanto” del deseo de analista puesto en acto, en tanto, un analista practicante, miembro de la Escuela y bajo la formación que ella dispensa, se encuentra en momentos de transformación de la relación del sujeto con su modo singular de goce.
Un escollo porta también la acepción que lo remite al riesgo, a la constatación de que el deseo de analista no es un deseo puro. En el apartado “Un olvido del acto” del Curso Sutilezas analíticas, Miller advierte lo siguiente “Sin embargo, una vez que están establecidos en la profesión, los analistas ya no piensan en qué los convirtió en analistas. Hay, como regla, un olvido del acto del que han surgido”4. En consonancia con la cuestión de la modificación de la economía de goce que se produce a lo largo de un análisis, una vez más, Miller pone a trabajar los conceptos con indicios que apuntan a la figura del analista: “¿En qué medida el analista goza de su acto? ¿Y en qué medida, por el contrario, debe mantenerse alejado del goce del acto?”5, la diferencia absoluta se sigue sosteniendo en el cuestionamiento sobre el deseo del analista y las posibles derivas a la infatuación del acto.
Por último, siguiendo los significados de la RAE, un escollo es una dificultad. La dificultad del acto nos compete porque verificar el objeto causa del deseo implica toparse con sorpresas y atolladeros. Retomando la referencia de Lacan sobre el saber adquirido, al haber, el psicoanalizante, verificado la causa de su deseo, se halla una peculiar sugerencia: “Todo un adoctrinamiento, con título psicoanalítico, puede aún ignorar que descuida aquí el punto por el que vacila cualquier estrategia, por no estar aún al día del acto psicoanalítico”6. No estar aún al día del acto psicoanalítico. ¿Cuál es el “aún” que nos orienta para pensar el a-tiempo del acto?
Es preciso elucidar la puesta en juego de la relación de un analista practicante con su inconsciente para no obturar el análisis, en tanto, su deseo es puesto en práctica en las curas. Las dificultades del acto están a flor de agua en los inicios de la práctica. El acto no es sino a través de sus artífices posibles, sobre un fondo de silencio y sin precipitarse, las maniobras con la transferencia y el semblante de objeto son cuestiones que resuenan y que hacen a la función del analista. Es decir, los escollos del acto toman forma en los instrumentos que lo sirven.
Entre las Consideraciones sobre el acto psicoanalítico y el deseo del psicoanalista7, se ponen de relieve el uso particular del dinero y el tiempo, la subversión lacaniana. Del recorrido analítico del practicante dependerá cómo se autoriza, produce e interpreta, sostiene el silencio, elabora el tiempo y sabe hacer con el dinero. A fin de cuentas, de la posibilidad de sostener las condiciones del acto. En la banda de Moebius que es la formación de un psicoanalista podremos cotejar, a través de los testimonios de los AE y en el trabajo clínico de las Jornadas, cómo el deseo del analista se sostiene en los distintos momentos de su formación y cómo se van modificando, en el caso por caso de la diversidad de analistas practicantes, las no-respuestas a la pregunta sobre qué es un analista y lo que define su acto.
Carolina Martini
Notas:
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Lacan, Jacques. “El acto analítico”, Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 395. ↑
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Ibidem. ↑
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Lacan, Jacques. “Proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela”, Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012. p. 261. ↑
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Miller, Jacques-Alain. “¿Hacia dónde va el psicoanálisis?”, Sutilezas analíticas. Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 41. ↑
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Ibid., p. 42. ↑
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Lacan, Jacques. “El acto analítico”. Op. Cit., p. 396. ↑
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Carceller, Carmen. “Algunas consideraciones sobre el acto psicoanalítico y el deseo del psicoanalista”. El acto a-tiempo. Clínica de las consecuencias, 2025. ↑