Algunas consideraciones sobre el acto psicoanalítico y el deseo del analista

El título de nuestras próximas Jornadas está dividido entre dos enunciados que nos llevan directamente al corazón de la clínica psicoanalítica: el acto psicoanalítico y el deseo del analista; por tanto, a los efectos que se producen en una cura.

El acto a-tiempo lo encontramos en el título y en el argumento; la referencia está tomada de Otros Escritos donde Lacan reseña el libro 15 y allí mismo se pregunta ¿por qué no poner en el haber de este acto el que hayamos introducido su estatuto mismo a tiempo?1. El propio Lacan afirma en numerosas ocasiones que toda pregunta es una respuesta. Este a-tiempo se refiere al objeto a, su producción y su lugar en la cura. En el dispositivo analítico, el analista ocupa el lugar de semblante de objeto causa de deseo, destinado a caer, que encontraremos definitivamente escrito en los cuatro discursos en el libro 17, El reverso del psicoanálisis. Es muy importante recordar que, en 1964, se producía la famosa excomunión debido al uso particular del manejo del tiempo y el dinero que realizaba Lacan. La verdadera subversión lacaniana es el uso del tiempo y el dinero. A diferencia de la IPA que saldaba la cuestión con el famoso “contrato analítico” que encuadra, estabiliza, la indeterminación del sujeto que lo conduce al análisis; así borra el umbral, elimina la discontinuidad para realizar una alianza con la parte sana del yo.

Pero nos preguntamos, ¿qué es un acto analítico? Y en el libro 15 aparece una valiosa cita, referenciada en el número 0 de Alikindoi, boletín de la XXIV Jornadas, donde Lacan se interroga sobre el acto psicoanalítico y coloca en serie: la sesión, la interpretación, el silencio como artífices posibles y concluye con un “o lo que sea que ustedes quieran designar entre los instrumentos de la función”2.

Dichos instrumentos apuntan a la cadencia, la interrupción, la precipitación, reducción, puntuación, cesión, mutación de goce que se produce en la sesión analítica; en definitiva, al corte. Finalmente se trata de escandir el tiempo, para liberar al sujeto del sentido gozado; sesión tras sesión como punto fijo, una tarea de separación, para obtener la diferencia absoluta.

Freud en 1912, señalaba “que en el tratamiento psicoanalítico tomen por modelo al cirujano que deja al lado todos sus afectos y aún su compasión humana y concentra sus fuerzas espirituales en una meta única: realizar una operación lo más acorde posible a las reglas del arte”3.

En este punto, donde Freud evoca las reglas del arte, cómo no traer una definición de arte de Jorge Oteiza, escultor, teórico del arte y creador de vacíos. Dice así: “El arte como una forma de espacializar el tiempo”4. Sostiene que el tiempo es verbal, se cuenta, se escucha y por otra parte el espacio es visual y geométrico. ¿Podemos pensar la sesión analítica como una espacialización del tiempo? La atemporalidad propia del inconsciente queda suspendida en el espacio de la sesión. De este modo la repetición, la iteración quedan recortadas. A través del acto analítico que cumple una función de corte, de parcialización, se obtiene un despertar del adormecimiento fantasmático.

Al decir de Lacan en la entrevista con Paolo Caruso en 1966: “Estamos en el plano del ritmo, de la cadencia, de la interrupción, de los grupos temporales en los que se puede hacer distinciones propiamente topológicas… He introducido una nueva dimensión en el tiempo lógico lo de la precipitación… que llamo a-tiempo lógico”5. Algo se precipita, en cada sesión que apunta a la “desaificación” termino que emplea Lacan para hablar de una descreación que ocurre en al acto analítico, como renuncia al yo.

Entonces podríamos pensar la sesión analítica como ese punto fijo donde se produce una construcción fantasmática geométrica, enmarcada, y a través de ese fort-da, de entrar y salir con el manejo del tiempo y el dinero, se va produciendo una cesión, una mutación de goce, una extracción entre el tiempo espaciado. Y así lo dicho toma otro valor.

Por eso, el acto analítico estaría del lado de instalar propiamente el dispositivo analítico, ético en sí mismo. Para ello el deseo del analista, lo único que opera en la cura, debe cumplir esa función separadora; pasaje del Ideal del yo al a. Se trata de obtener la diferencia absoluta que identifica a cada uno. La sesión concluye con el pago, con el dinero, generando una cesión, una extracción; trazando una separación analista/analizante. Y así lo dicho se reduce, produciendo la letra que se separa del sentido. Una reducción, finalmente a través del tiempo espacializado.

Como no, para terminar, hacer referencia al primer testimonio de Neus Carbonell, A.E. recientemente nombrada, donde ilustra la frase tan compleja de la reseña del libro quince: “…hay del analista. A ello responde el objeto a. Se hace, entiéndase, se hace producir objeto a, con el objeto”6. Llama la atención esta proposición “del” que emplea, donde no se trata de la existencia, es decir no existe “el analista”. En la Escuela es una pregunta sobre esa x que se coloca en el centro de la experiencia para conversar y tratar de elaborar en cada caso uno por uno y entender sus consecuencias.

Vayamos al último sueño resolutorio, decisivo producido en el análisis: “Camino por la estancia de mi casa…Llego a la cocina. Hay una cazuela en el fuego. Esta tapada. Levanto la tapa y encuentro dos ojos que se están cociendo, diluyéndose en forma de gelatina. Un significante se desprende suquetdepeix”. Hasta aquí, el sueño de Neus Carbonell. Y prosigue: “El sueño tomaba nota de una reducción, índice del paso de la impotencia a lo imposible. El analista dio el corte de sesión, pero cuando me incorporé del diván, él seguía sentado, mirándome fija e intensamente en silencio con sus ojos bien abiertos. Fue un momento de convicción. Él se levantó y se dirigió a la puerta. La siguiente sería la última sesión, la de despedida”7.

Animo a la lectura del testimonio y a seguir su recorrido hasta este final, donde arroja luz sobre el pasaje del objeto mirada que devora a esos “ojos abiertos” como resto de la operación y donde se muestra el acto psicoanalítico y el deseo del analista.

Estas Jornadas con este título, nos invitan a explorar el deseo del analista que depende de su acto y tomar caso por caso para esclarecer lo que la clínica nos enseña y a la vez nos interroga.

carmencarceller@mariola.net

 

Notas:

  1. Lacan, Jacques. “El acto psicoanalítico”. Otros Escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 401.

  2. Lacan, Jacques. El seminario, libro 15, El acto psicoanalítico. Lección del 15 de diciembre de 1967. Inédito.

  3. Freud, Sigmund. “Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico”. Obras completas, tomo XII. Amorrortu, Buenos Aires, 2001, p. 114.

  4. Oteiza, Jorge. “El espacio y el tiempo en la escultura”

  5. Lacan, Jacques. “Entrevista de Jacques Lacan con Pablo Carusso con motivo de la publicación de los Écrits”. Noviembre 1996. Blog ELP, 25/05/2014.

  6. Carbonell, Neus. “Suquetdepeix”, El Psicoanálisis, nº. 45. ELP, Barcelona, 2025, p. 67.

  7. Ibid.