Acostumbrarse a lo real. El acto, ¿con o sin angustia?

El triunfo de la religión1 es el título que le puso Jacques-Alain Miller a lo que proviene de una conferencia de prensa que dio Lacan en Roma el 29 de octubre del ‘74; el día después, dio la conferencia que conocemos como La Tercera2, en la que hace referencia expresa a esta intervención anterior, particularmente cuando se refiere a la angustia de los científicos.

De allí podemos destacar varios temas que me interesan para pensar el concepto de angustia en Lacan en la época de La Tercera, cuestión que me resonó en el último Encuentro de Elucidación de Escuela (el pasado 31 de mayo de 2025 en Valencia) cuando se habló de “acostumbrarse a lo real”, o mejor dicho en francés, s’habiter lo real. Digamos que una referencia directa a lo real de la angustia me invitó a revisar el abordaje que Lacan hace en el Seminario 103 en los ’60, con aquello que dice en los ’70.

Comenzaré con la distinción entre las tres tareas imposibles destacadas por Freud que Lacan retoma en esa conferencia de prensa para dar cuenta de la especificidad del psicoanálisis. Gobernar y educar se hace desde siempre; es decir, el discurso amo y el universitario son discursos antiguos. El fundante discurso amo habilita en su misma lógica discursiva, que el lugar del agente vire al Saber. Viejos conocidos.

El psicoanálisis es un discurso nuevo, ¿cuál es su novedad? Cito a Lacan: “El analista, por su parte, no tiene ninguna tradición; es un auténtico recién llegado. De modo que entre las posiciones imposibles se encontró una nueva […] La novedad refuerza el carácter imposible de la cosa”4.

La novedad que inaugura, que funda el discurso analista refuerza, da consistencia al carácter imposible de la cosa, es decir, a lo real; aquello mismo por lo cual se orienta. Por eso está destinado a fracasar.

En lo que se refiere al síntoma, el análisis se ocupa de esta Cosa que es lo real. “Esta es la diferencia entre lo que anda y lo que no anda: lo que anda es el mundo, y lo real es lo que no anda”5.

El analista, en su “oficio sórdido” se ocupa de lo inmundo; “se confronta mucho más con lo real que los científicos. Solo se ocupan de eso. Están forzados a sufrirlo, es decir, a poner el pecho todo el tiempo. Para ello es necesario que estén extremadamente acorazados contra la angustia. Ya es algo que por lo menos puedan hablar de ella”6.

La angustia de los científicos

Para Freud, la posición del científico era tabú. Lacan dice que esa posición es imposible, solo que la ciencia no tiene aún la menor idea de esto, elucida Lacan, aunque “empiezan a tener crisis de angustia”7, una angustia que es tan importante como la de cualquiera, y añade: “La angustia es algo completamente fútil, cobarde”8.

Hoy mismo tenemos el ejemplo de lo que ocurrió con el COVID-19 y la angustia de algunos científicos por los avances ilimitados en la IA. De pronto, resulta que experimentan crisis de responsabilidad, ironizaba Lacan.

Recordemos que es en el Seminario 10 donde Lacan dice que “el analista que entra en su práctica no está excluido de sentir, gracias a Dios, aunque presente muy buenas disposiciones para ser un psicoanalista, en sus primeras relaciones con el enfermo en el diván, alguna angustia”9. Es decir, desde este ángulo, de la relación de la angustia con el deseo, el acto no es sin angustia.

Pero aquí, en el ’74, dice que no es conveniente la angustia porque es cobarde.

Un acto como tal, orientaba Miquel Bassols en aquella Elucidación, es tal cuando falla; el único acto verdadero es el acto suicida, sin Otro, sin angustia.

Acostumbrarse a lo real

“Lo propio de lo real es que uno no se lo imagine”10, por ende, no se lo puede anticipar. En esa conferencia de prensa le dicen a Lacan que entonces la única salvación posible ante este real es escapar a lo real. Eso, responde Lacan, sería rechazarlo en un modo pesimista de representar lo que sería más simplemente el triunfo de la religión, que, con sus recursos insospechables, ofrecerá paz para los efectos de lo real.

“De todos modos, no es necesario dramatizar demasiado. Debemos poder acostumbrarnos a lo real”11, posicionándose ni entre los alarmistas ni entre los angustiados.

El síntoma, podemos decir en su diferencia con la angustia, no es verdaderamente lo real; el síntoma viene de lo real, dirá en La tercera. El síntoma es más bien la “manifestación de lo real en nuestro nivel de seres vivos […] Ese real es justamente el que nos falta por completo”12.

“Si hablo de lo real, es porque me parece una noción radical para anudar algo en el análisis, pero no es la única. Está también lo que llamo lo simbólico y lo que llamo lo imaginario. Me aferro a esto como uno se aferra a tres cuerditas que son las únicas que permiten mi flotación”13.

¿El acto se define entonces como tal con o sin angustia? ¿O cómo se articula la angustia con el acto hoy? ¿El acto no sin angustia, pero acorazados frente a su irrupción?

Esta me parece una diferencia crucial a nivel del “temblor”14 que produce la ultimísima enseñanza de Lacan respecto a un concepto más bien clínico, orientador, como es la angustia. Tanto en la lógica de la cura, su dirección, su orientación, como también en lo que implica el acto del analista.

Que Lacan pase de hablar del deseo del analista al acto analítico en su última enseñanza ¿incide en la conceptualización y abordaje de la angustia?

Betina Ganim

betinaganim@gmail.com

 

Notas:

  1. Lacan, Jacques. “El triunfo de la religión”, El triunfo de la religión precedido de Discurso a los católicos. Paidós, Buenos. Aires, 2006, pp. 67-101.

  2. Lacan, Jacques. “La tercera”, Intervenciones y textos 2. Manantial, Buenos. Aires, 1988, pp. 73-108.

  3. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 10, La angustia. Paidós, Buenos. Aires., 2006.

  4. Lacan, Jacques. “El triunfo de la religión”. Op. cit., pp.71-72.

  5. Ibid., p. 76.

  6. Ibid., p. 76.

  7. Ibid., p, 73.

  8. Ibid., p. 74.

  9. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 10, La angustia. Paidós, Buenos Aires, 2006, p.13.

  10. Lacan, Jacques. “La tercera”. Op. cit., p.90.

  11. Ibid., p. 92.

  12. Ibid., p. 92.

  13. Ibid., pp. 99-100.

  14. Miller, Jacques-Alain. El ultimísimo Lacan. Paidós, Buenos Aires, 2013, p.200.