“Hacer el par” en los casos de urgencia

La urgencia está presente desde el comienzo de un análisis. Hay diferentes urgencias, en su último escrito1, Lacan se refiere a un afecto de satisfacción del analizante que marca el final del análisis y también a la urgencia del psicoanalista para satisfacer los casos de urgencia. La urgencia que permitirá concluir el análisis está del lado del psicoanalista, que se ve urgido por tener que dar esa satisfacción que permitirá a su analizante concluir el análisis. La urgencia implica un “no hay tiempo que perder” que exige una respuesta rápida. En este mismo escrito Lacan nos indica también cómo operar con los casos de urgencia, lo hace empleando una fórmula la de “hacer el par” con los casos de urgencia. Pero ¿cómo?

¿Acaso “hacer el par” es lo mismo que interpretar o que el acto analítico en el que el analista ocupa el lugar del objeto? En algo sí coinciden, pues ambos son fruto de la función “deseo del analista”. Sin embargo, la expresión “hacer el par” o “hacer pareja” con el parlêtre afectado por la urgencia parece indicar que se trata de poner en juego también la pareja analizante-analista, y no sólo de ocupar el lugar de objeto causa. Lacan en su última enseñanza reemplaza la noción clásica de lazo transferencial basada en el Sujeto supuesto al saber, por la maniobra que consiste en “hacer el par o hacer pareja» con el cuerpo hablante en los casos de urgencia

Dos ejemplos: Durante los atentados del 11-M atendí a una mujer traumatizada por el estallido de las bombas en la estación de Atocha mientras ella estaba allí. Mi forma imprevista de “hacer el par” con ella fue pedirle un diccionario de su lengua, lo que desencadenó la transferencia. Una interpretación recibida en mi análisis cuando un día, muy ufana dije en una sesión que “iba a demostrarle a una amiga que ella no era un hombre” y recibí como respuesta un ¡lo logró! Que acabó de inmediato con mi certeza sumergiéndome en la angustia y el vértigo. Hoy, después de tiempo, puedo decir que este ¡lo logró! que produjo en mí tal desconcierto no fue sino un modo de “hacer el par” de mi analista.

El psicoanálisis cambia porque el ser hablante también cambia. Vivimos en una época en la que el objeto se sitúa en el cenit social, según la expresión de Lacan, hoy a menudo nos encontramos con sujetos que en vez de estar divididos por sus síntomas son seres hablantes, seres afectados, no por la falta de goce y la castración, sino por la insistencia de los plus de goce al alcance de la mano y por su consumo ilimitado. No hay, entonces, lugar para el enigma articulado a la falta de goce. La profusión del objeto va acompañada por una difuminación del sentido y del saber. En esta era en la que prevalece el número la interpretación del cuerpo hablante es aquella que toca las tripas, produciendo un acontecimiento de goce, dirá Lacan, y todo lo que el análisis puede hacer es concordar con la pulsación del cuerpo hablante para llegar a insinuarse en el síntoma.

“Hacer el par” con el cuerpo hablante poniéndose de su lado y no en su contra, ¿no es otra manera de hacer pareja con él a partir de la pulsación de ese cuerpo hablante? ¿Con qué fin? ¿Con el de insinuarse en el síntoma? Ante las dificultades que aparecen el psicoanálisis puede, no tiene más remedio, que seguir inventando hasta llegar a producir el síntoma.

Araceli Fuentes

arafuentesgr@gmail.com

 

Nota:

  1. Lacan, Jacques. “Prefacio a la edición inglesa del Seminario 11”, Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, pp. 599-602.