Estructura del analista
Lacan en “Lo simbólico, lo imaginario y lo real” después de haber ordenado la circularidad en la que se puede inscribir un análisis, hace mención de lo que al final se presenta como un problema en lo que atañe al conocimiento limitado pero sorprendente de lo que él llama la “estructura del analista”1. Me interesa resaltar la palabra estructura, que también usa en sus comienzos para definir el inconsciente, como estando estructurado como un lenguaje. Más tarde, con la introducción de lalengua, se pone en juego el cuerpo del parlêtre y por tanto el goce. La palabra toma así, otra dimensión en la enseñanza de Lacan. Propongo entonces, sostener la pregunta por la estructura del analista, puesto que la estructura bien puede ser topológica.
Catorce años más tarde, en la Conferencia “Lugar, origen y fin de mi enseñanza” en el Vinatier, en Lyon, se expresa en estos términos: “Se ocupa el lugar al que un acto –nos- empuja”2. En lo que respecta a su lugar, habiendo pasado por la escisión del ’53 y la excomunión del ’63, dice: “Hubo circunstancias en las que fue necesario tomar las riendas de algo a lo que, a decir verdad, no me creía en absoluto destinado”3. Si bien en lo que al lugar del analista se refiere, la pregunta gira en torno al hecho de que la función del psicoanalista no es algo evidente, sabemos que, en lo concerniente al acto, este corre a cuenta del analista por un lado y que, por otro lado, es lo necesario. El acto es necesario en cuanto que no es más que la anticipación de algo que ya estaba allí. No obstante, lo cual, hace falta leerlo, por un lado y por otro, que sea a tiempo.
Me parece muy sutil como Lacan pilla al vuelo la contingencia y los detalles de los que hace uso, en lo que llamamos su enseñanza. De ella se desprende un antes y un después del acto, que tiene en cuenta una historia, y que responde a lo que hace al núcleo de la cuestión. En cuanto a la lógica que articula un tiempo anterior al acto, lo que está en juego es una extracción, a partir de la cual el acto podrá sobrevenir. En palabras de Lacan, es “a partir de lo falaz de lo que satisface, al asegurarse por él de no ser lo que allí se hace”4 que se descubre el deser en el acto del analista. Esto implica que sea un acto sin pensamiento y soporta la paradoja de que, si hay efecto de producción del analista, es porque necesariamente hay subjetivación de la causa de su deseo. En consecuencia, podemos decir que hay también analizante, que piensa en lo que hace y es responsable de su acto. En lo que se refiere al después del acto, en cuanto a tomar las riendas y responder de él, al psicoanalista se lo define por su compromiso a hacerse objeto a, al tiempo que lo que se produce, a costa de su deser, sólo lo comprobamos après-coup por sus efectos.
El analista paga este acto, puesto que es solamente a condición de haber tomado esa salida como entrada, que consiente a reducirse, él y su nombre, al significante cualquiera para los que devendrán analizantes. Este gesto, saca al analizante de la soledad de su goce, para encontrar compañía a nivel del cuadrante libre del discurso del analista.
Luciana Fracchia
Notas:
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Lacan, Jacques. “Lo simbólico, lo imaginario y lo real”, De los nombres del Padre. Paidós, Buenos Aires, 2010, p. 55. ↑
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Lacan, Jacques. Mi enseñanza. Paidós, Buenos Aires, 2006, p. 15. ↑
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Ibid. ↑
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Lacan, Jacques. “Discurso de la escuela freudiana de París”, Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2024, p. 290. ↑