El acto y el niño
¿Concierne la cuestión del acto a la infancia? ¿Cómo pensarlo en la práctica del psicoanálisis con niños? ¿Y en la de los adultos tomando lo decisivo que se jugó en la infancia para cada uno?
La formulación “a-tiempo”, más allá de las resonancias que tome para cada uno, es introducida por Lacan en El acto psicoanalítico1, mientras recalca el lugar del objeto a coordinando la experiencia de saber, y la relación del acto analítico no con lo que llama el En-Yo sino con dicho objeto. Por otro lado, lo va a nombrar también en la entrevista que le hace Paolo Caruso: “He introducido una nueva dimensión en el tiempo lógico, la de la «precipitación identificadora», como cosa que en el fondo se autodetermina y que solamente puede actuarse en cierto modo que llamo del a-tiempo lógico”2. Lacan va a insistir ahí en la cuestión de la causación del sujeto, en lo que de inaugural supone la emergencia del sujeto en su escisión radical producida por el significante, hasta plantear: “Cuando estas cosas hayan sido teorizadas adecuadamente […] podremos establecer con mayor libertad las bases de una lógica […] que surja en la frontera de la constitución del sujeto”3. Es a partir de ello que va a resaltar el papel que el objeto tiene en la constitución subjetiva y, por ende, en la estructura misma, recalcando su importancia para el análisis. Es muy interesante como Lacan extrae aquí la relación de objeto del plano intersubjetivo para plantear “su importancia primaria […] al nivel de lo que se puede llamar la «estructura del sujeto»4.
Encontramos un aporte precioso para ilustrar esta cuestión en la lectura que Lacan hace del juego del fort-da formalizado por Freud a partir de la observación de su nieto de 18 meses5. Si para Freud con el juego del carrete se trataba de elaborar la renuncia pulsional que suponía la partida de la madre, Lacan plantea que se trata para el niño de una pérdida de una parte de sí mismo. Y en ello va a resaltar dos cuestiones: por un lado, el surco que la ausencia de la madre ha de producir para el niño, en el lindero de su dominio, y por otro el salto que resta entonces dar al infans6. Es decir, tras signar la ausencia de la madre se produce para el niño una brecha, un quiebre radical, que le pone en una situación de urgencia, de “a-premio” al acto. Acto que va a implicar una pérdida irremediable, una automutilación. Y es a partir de ello, de esta extracción, que el niño nace al lenguaje. Se trata de un momento inaugural, no dado cronológicamente, que funda el corte, la escisión radical a partir de la cual el sujeto puede advenir.
La cuestión de “el niño y el acto” resulta entonces central para abordar el tema que nos ocupa, puesto que es en la infancia donde podrán darse ciertos pasajes decisivos a partir de los cuales se funde la estructura. Si para el bebé que llega al mundo nada viene dado de manera natural, será necesario que ese pequeño arrojado al mundo se encuentre con el Otro, con el lenguaje y con su marca, y hará falta también la respuesta temprana del infans a ello. De ciertas contingencias, y también de algunos actos, dependerá la constitución subjetiva en la que esté comprometido el síntoma a leer en un análisis.
Vemos como no hay sujeto sin Otro. El deseo del Otro, y también los actos y las interpretaciones del otro responsable del niño, tienen su importancia, cuentan. Lacan no va a renunciar a esta perspectiva, por ejemplo, cuando dice: “Sabemos muy bien en el análisis la importancia que tuvo para un sujeto […] la manera en que fue deseado”7. Si bien en un análisis es posible separarse de aquello que vino del Otro hasta el encuentro con su inexistencia, quedará siempre una marca irreductible y algunos restos con los que toca hacerse. Con niños, en muchas ocasiones, poder introducir una cierta separación en relación al discurso del Otro tiene importantes efectos terapéuticos y analíticos.
Ahora bien, ¿es el sujeto un producto del Otro?, ¿está determinado, dado por el Otro? Si bien podemos tomar como necesaria y universal la marca del Otro, ésta será siempre malentendida y contingente, no determinada ni calculada de antemano. Es por ello que de esas marcas el analizante puede hacerse responsable. En relación al psicoanálisis con niños, por ejemplo, nada del discurso de los padres sitúa de antemano las coordenadas del síntoma del niño. La respuesta del infans, comprometida por su acto y siempre insondable, acéfala, es esencial determinando la emergencia del sujeto y, por ende, la posición subjetiva comprometida en el síntoma. Ello nos aleja radicalmente de cualquier determinismo. Es precisamente porque hay elección, incluso siendo ésta forzada, que “de nuestra posición de sujetos somos siempre responsables”8. Se trata de un punto clave que sitúa las condiciones de posibilidad para el psicoanálisis y que, particularmente en nuestra práctica con niños, nos aleja de cualquier especialización o deriva normativizante.
Asi, en análisis el niño puede, a partir de la lectura del síntoma, saber de los condicionantes que le vinieron del Otro, y puede también hacerse responsable de la respuesta de la que es producto como sujeto, no para responder yoica o punitivamente por ello, sino para orientarse en relación a la causa de un deseo singular.
Blanca Cervera
Notas:
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Lacan, Jaques. “El acto psicoanalítico”, Otros Escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, pp. 391-403. ↑
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Lacan, Jacques: “Entrevista de Jacques Lacan con Pablo Carusso con motivo de la publicación de los Écrits”. Noviembre, 1996. Blog ELP, 25/05/2014. ↑
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Ibid. ↑
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Ibid. ↑
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Freud, Sigmund. “Mas allá del principio del placer”, Obras Completas, vol. XVIII. Amorrortu, Buenos Aires, 1986, pp. 1-62. ↑
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Lacan, Jacques. El Seminario, libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós, Buenos Aires, 1987, p. 70. ↑
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Lacan, Jacques. “Conferencia de Ginebra sobre el síntoma”, Intervenciones y textos 2. Manantial, Buenos Aires, 1993, p. 124. ↑
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Lacan, Jaques. “La ciencia y la verdad”, Escritos II. Siglo XXI, México, 1990, p. 837. ↑