Ser y Kairós, las posibilidades enigmáticas del Acto

El dónde se produce el efecto subjetivo del acto

De entrada el a-tiempo nos traslada a las condiciones de posibilidad de los efectos y experiencias subjetivas. En esas condiciones son indispensables el Ser-Ahí (Dasein) y el lenguaje del que el ser-ahí es deudor. Para Heidegger este es el lugar de la verdad, constantemente velada. El humano, el sujeto, el ser-en- el- mundo, es un ser “de y afectado por el lenguaje”. Podríamos decir que la pasta con la que queda configurado el sujeto por el lenguaje, las entrañas del ser-ahí, sea el fantasma, la relación fijada con el objeto a.

Es aquí, estrictamente, dónde puede producirse un efecto subjetivo, en el terreno del ser-ahí, no en el terreno del ente. Podemos aventurarnos en hacer coincidir ser-ahí con sujeto dividido, y ente con yo. De manera que la distinción de abordajes del sufrimiento subjetivo pudiera ser pensada de la siguiente manera: consideración del ser o consideración del ente, ocurriendo que, cualquier cambio subjetivo apreciado en un eventual tratamiento centrado en el ente-yo, realmente es dado en el lugar de la verdad, en el del ser y su pasta.

El cuándo se produce el efecto subjetivo del acto, o Tiempo dentro del tiempo

Heidegger nos dice en Aportes a la filosofía. Acerca del Evento que “Tiempo” es en Ser y Tiempo, la indicación y la resonancia de aquello que acaece como verdad del esenciarse de ser (Sein) en la singularidad del evento-apropiador.

En la mitología griega existe un dios menor, Kairós, velado constantemente por Cronos. Como sabemos Cronos hace mención al tiempo cuantitativo que mide el nacimiento, crecimiento y erosión de las cosas. Efectivamente, Cronos es el dios de los entes, de la juventud y de la erosión, el dios de los objetos, el de la Ciencia. Sin embargo, Kairós es el dios de lo cualitativo, el dios de los momentos subjetivos, del Ereignis o acontecimiento propicio heideggeriano, el dios del actuar y del cambio subjetivo. Podríamos decir, Kairós es el dios de la verdad del sujeto, no medible por la ciencia, El dios del reino del ser-ahí.

El cuándo se produce el efecto subjetivo es impredecible, escapa a toda lógica racional y científica; de ahí las dificultades del encaje de las disciplinas psi a la hora de objetivar la alegría y el sufrimiento, y por supuesto de localizarlo en algún área cerebral, sustancia química o neurotransmisor.

El dispositivo analítico es del reino de Kairós, aunque el paciente venga desde Cronos. Quizás el paso inequívoco a analizante sea condescender al reino de Kairós, al del ser, al del ser-ahí, y, seguro, a raíz de un acontecimiento propicio afortunado provocado por el analista, que, aunque con la brújula adecuada, siempre algo ciego y sin saber si habrá o no efecto de verdad.

Si hay algo irreductible de lo que podemos decir es que sin ello no pudiera existir Kairós, el otro tiempo, el cualitativo e impredecible, el tiempo en donde no tenemos control de lo que allí puede ocurrir, es el objeto a. El objeto a determina para un sujeto lo atemporal e intemporal en la línea cronológica, en cuanto que su relación con él no es modificable única y exclusivamente por el paso del tiempo; de otro modo, el sujeto está condenado a repetir la misma historia en la línea cronológica. Pero, también, es la ventana por dónde un acontecimiento propicio (Ereignis), fuera de todo control racional-cronológico puede tener efecto subjetivo, que entonces sí, tenga consecuencias en la línea temporal.

El cómo se produce el efecto subjetivo del acto, lo misterioso a-científico

De manera arriesgada empleo a-científico para hacer notar la primacía del objeto a, que hace imposible cualquier acercamiento a la verdad del ser-ahí desde las premisas de la ciencia: objetividad, replicabilidad, y condición de posibilidad de falsabilidad en el tiempo.

Para la ciencia, e incluso para el mismo analizante, es un misterio el hecho del cómo es uno afectado, y más, si no ha acontecido nada del orden de lo más puramente traumático y objetivo con el que se pueda dar alguna explicación ajustada a la razón. Pero también del lado del analista se convive con este misterio, porque tener cierto mapa de navegación no asegura un posible encuentro propicio, aunque si posibilita que se merodee más cerca de dicho encuentro al conocer por su análisis y formación el dónde y el cuándo de los efectos subjetivos, aunque siempre algo a ciegas y sin certeza ni garantía.

El acto analítico, en su cómo se produce, es del orden de lo no medible, de lo ilógico para la ciencia y la razón, es del orden de lo rechazado por Platón, Descartes y Kant. Es más, del lado de Heráclito, de lo no apresable por la razón, de lo sensible y del cuerpo, del lenguaje en tanto lalangue que no lenguaje gramatical. Es del lado de la poesía, de lo incontrolable y del encuentro, no de la búsqueda.

 

Diego Ruiz Curiel

diegoruizcuriel@hotmail.com