De la inexistencia del acto sexual a lo singular en el acto analítico
Al lugar del acto sexual que no hay, el discurso analítico interroga la existencia del acto analítico.
Mientras el acto sexual no toca la relación con el Otro sexo, el acto analítico si puede producir una mutación en la relación del sujeto con sus goces al poner en juego la realidad sexual del inconsciente y al final la propia inconsistencia del mismo. Goces que se inscriben para el parlêtre en las contingencias. Por fuera de la relación del sujeto con el Otro.
Como dice Lacan: “Es el cuerpo que habla en tanto no logra reproducirse sino gracias a un malentendido de su goce. Lo cual es decir que no se reproduce sino errando lo que quiere decir […]”1.
El acto analítico puede desvelar pues que en donde se suponía el cuerpo del Otro, emerge un objeto bizarro que sostenía ese Otro. No es pues el saber lo que va a revelar el ser del sujeto, si no la caída del resto de goce depositado en el analista.
J.A. Miller nos lo apunta en su estilo: “La caída del sujeto supuesto saber es el momento en que A y a se separan para el analizante […]”2.
¿Es posible que la separación de A y a, nos abra al goce de la vida?: Un imposible de decir como causa de un goce de seguir diciendo. Un goce de decir, articulado como dice una colega, a “Un amor por las piezas sueltas”.
Hay, como dice J.A. Miller: “[…] un goce presente en la separación del objeto […] esto se comprende si la verdad de la que se trata es una verdad sobre el goce, la verdad de la castración”3.
Caída del sujeto supuesto saber, cesión del goce que ocupa el agujero en la estructura, es quizás lo que nos orienta en el hacer del analista para producir el acto analítico.
Separación entre A y a
En el instante en que el acto analítico induce la separación, la caída del a del lugar del Otro, este se volatiliza en su consistencia; el saber se vuelve ficticio para responder a la pregunta por el ser y el goce singular puede venir como nombre de borde.
Llegados a ese punto puede producirse la des-subjetivación del sujeto que se sabrá de algún modo efecto de un real fuera de sentido. Para comprender un poco esto, podemos pensarlo como lo trae Gerardo Arenas: “[…] hay dos lugares para el analista: el de objeto a en el inconsciente y el de síntoma que ex-siste al inconsciente”4.
Esto nos pone en la pista de por qué Lacan en su Seminario 24 (inédito) define el inconsciente como: l’une-bevue. Equívoco que podemos situar en la relación entre significante y letra; letra que escribe salvajemente el síntoma sin ninguna relación con el Otro, ese Otro que leerá la letra como un S2.
La transferencia tendría pues la función de transformar la letra de goce en un S2 producto del inconsciente transferencial hasta reducirlo y enfrentar al sujeto a su posición de un S1 solo fuera de sentido que apuntaría al balbuceo del parlêtre sobre su goce, siempre opaco y sintomático.
Si el síntoma es lo que lee un S1 como letra y el sentido se produce por la interpretación del S2 del inconsciente, solo el equívoco puede incidir, equivocar ese S1 en el que se sostiene el síntoma, retomando en ello la frase de Lacan: La interpretación por el equívoco es la única arma contra el síntoma. Sería quizás un modo de responder a la pregunta que plantea J.A. Miller: “¿Es excesivo pedir que, en el marco de la escuela, este analista sea capaz de testimoniar – como se testimonia en el pase – sobre la relación que mantiene con su yo no quiero?”5, refiriéndose a los analistas reclutados en el pase.
Me pregunto si allí el sujeto existe sin nombre propio, como letra fuera de discurso: Allí donde eso goza, no dice nada. Un S1 bordeando el agujero simbólico, el marco del no saber. Un ir y venir de la pulsión en cierto vacío del plus de gozar.
Un sujeto que, en su goce de equivocar el tiempo en las contingencias, equivoca en sus dichos el goce del parlêtre.
Algo más sobre la transferencia
Como sabemos, la transferencia es a la vez motor y obstáculo en la experiencia de un análisis, pero no puede haber acto analítico en ausencia de transferencia.
J.A. Miller nos dice; “El acto analítico está vinculado al sujeto supuesto saber […] precisamente a su falla”6. Es desde aquí que podemos pensar que ni el saber ni la verdad podrán dar cuenta del ser del sujeto como vivo y habrá que pasar a la consistencia lógica del objeto a, para que el analista en posición de hacer semblante de este lugar de vacío, con la presencia de su cuerpo, pueda dirigir al sujeto a encontrar ese resto de ser de viviente al final.
Acabaré con una frase de J.A. Miller: “Así Lacan será llevado a acentuar la consistencia lógica del objeto a como la posición del analista como acto – es decir, como creación -, lo que lo obliga entonces a hacerse cargo de esta responsabilidad, a partir de cuya ética caracteriza su posición”7.
El acto implica pues que el analista se reduzca a sostenerse como objeto causa de deseo.
¿Podemos pensar la singularidad de la letra de goce como un sí mismo en movimiento dentro de lo universal del lenguaje?
Ricardo Rubio
Notas:
- Lacan, Jacques. El Seminario, libro 20, Aún. Paidós, Buenos Aires, 1981, p. 146. ↑
- Miller, Jacques Alain. Los cursos psicoanalíticos, Donc. La lógica de la cura. Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 476. ↑
- Ibíd., pp. 146-147. ↑
- Arenas, Gerardo. El sin sentido del síntoma. Grama, Buenos Aires, 2023, p. 17. ↑
- Miller, Jacques Alain. Sutilezas analíticas. Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 43. ↑
- Miller, Jacques Alain. Los cursos psicoanalíticos, Donc La lógica de la cura. Paidós, Buenos Aires, 2011, p. 146. ↑
- Ibíd., p. 438. ↑