La actualidad freudiana de lo a-normal

Freud revoluciona la concepción de la subjetividad humana al reconocer que esta se mueve por fuerzas indómitas que tienen su origen en la sexualidad.

En 1905 estudia la sexualidad infantil y plantea “la importancia de todas las manifestaciones sexuales precoces es acrecentada por […] la adherencia o fijación prolongada de estas tempranas impresiones sexuales […] que pueden ejercer una influencia suficiente para forzarlos obsesivamente a buscar su repetición y determinar para toda la vida la dirección de su pulsión sexual”1.

Lo escandaloso de la tesis freudiana era la concepción de la sexualidad más allá de la función reproductora. Mociones pulsionales reprimidas que condicionarían el aparato psíquico a una dimensión económica, iniciando una clínica de lo vivo y lo extraño de las excitaciones y satisfacciones.

La enfermedad y el fracaso terapéutico daban cuenta que las sustituciones sintomáticas eran insuficientes para frenar el deseo de satisfacción y la repetición aludía a un retorno de lo imposible de reprimir. “[…] una huella de pensamiento donde el pensamiento mismo la enmascara por no reconocerse en ella2 que retorna, apunta a lo irrepresentable de la muerte y la sexualidad.

Lacan en su orientación incesante por lo Real, no retrocede ante lo incognoscible y hace pasar la pulsión al campo del goce, a lo que se satisface en el cuerpo del parlêtre. El trabajo analítico es con eso que se goza, que paradójicamente queda excluido a la comprensión y que sólo puede ser ceñido en parte y dicho entre líneas. Pero que insiste e itera en el cuerpo.

Y un siglo después, en el empuje a la satisfacción inmediata y sin freno, ni el discurso religioso con su promesa de satisfacción futura, ni el discurso pedagógico a golpe de realidad, ni el paradigma neuro pueden evitar ni explicar cómo lo sexual continua siendo fuente de malestar subjetivo y de conflicto social. Y el goce avanza excediendo los cuerpos y las instituciones.

La serie Adolescencia3 ha puesto en escena la realidad de los incels, célibes involuntarios, que en pleno siglo XXI muestran la otra cara del exceso. Reflejan nuevas formas de rechazo, frustración e insatisfacción de lo sexual que se traducen en viejos y reaccionarios procederes como el odio y la violencia. Incluso pareciera que resucitara la misma concepción sacrílega de la sexualidad con la que Freud denunciaba “la hipocresía de su sociedad”4.

Se hace evidente lo a-temporal de la pulsión.

Hoy en día asistimos a un descrédito del inconsciente y del discurso psicoanalítico. Pero es la realidad misma la que reivindica la actualidad del descubrimiento freudiano y que su negación o el rechazo a lo pulsional pueda llevarnos a lo peor. La pretensión universalizante puede generar efectos reaccionarios porque trata de colonizar la subjetividad censurando lo a-normal, y con ello rechaza aquello que se resiste y no puede ser reducido a la norma, al cálculo, a lo educable: el goce singular de cada uno.

El campo lacaniano es el campo del goce. El desafío clínico es cómo orientar el trabajo analítico en la actualidad cuando lo agitado y excesivo en los sujetos ya no remite a la falta o al enigma subjetivo.

Tendremos que avanzar en el manejo de la palabra, ya no en su vertiente de sentido y sí en relación con el acto que permita un corte que la haga palpitar. Un corte para hacer resonar un vacío capaz de conmover lo demasiado lleno de goce.

Mar Martí Morell

marmartimorell@hotmail.com

 

Notas:

  1. Freud, Sigmund. “Tres ensayos para una teoría sexual”, Obras completas, vol. II. Biblioteca Nueva, Madrid, 2001, p. 1236.

  2. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 14, La lógica del fantasma. Paidós, Buenos Aires, 2023, p. 148.

  3. Thorne, Jack. Adolescencia. Serie de televisión, Netflix, 2025.

  4. Freud, Sigmund. “Más allá del principio del placer”, Obras completas, vol. III. Biblioteca Nueva, Madrid, 2001, p. 2534.