La transferencia negativa

Lacan dice en el texto La agresividad en psicoanálisis1 que la transferencia negativa es el nudo inaugural del análisis. ¿Cómo es posible que sea el nudo que inaugura la relación analítica? ¿No es acaso lo contrario de lo que Freud señala cuando habla del amor de transferencia?

Lo dice en la tesis tercera, cuyo principio es que los resortes de la agresividad deciden la técnica del análisis. Su desarrollo da la razón a la afirmación. La abstención del analista a responder a consejo ninguno, que parece va en contra de lo que sería el deseo del paciente, la impresión de que el analista “asentado y confortable”2 no podrá soportar la carga que le pesa a aquel y un cierto orgullo narcisista que da forma a una resistencia en el sentido de sólo yo puedo ser liberado de mí mismo, son cuestiones que sitúa al inicio de su tesis. Después añade que el paciente exige cierta participación en el mal del que se queja y es la negación por parte del analista la que provoca la reacción hostil a la que hay que estar preparado, que le obliga a ser prudente con sus intervenciones. Es pues con estas consideraciones que sitúa la transferencia negativa como nudo inaugural. La define como un fenómeno de transferencia imaginaria de las imagos antiguas que quedaron, por efecto de subducción (proceso por el cual una placa tectónica se coloca debajo de otra) simbólica inhibidas por la represión que escaparon al control del yo.

Miller en La transferencia negativa3 dice que le parece un concepto caduco y añade que Lacan hizo un uso escaso del mismo. Es destacable el vínculo que establece entre la transferencia negativa y la sospecha. El sospechoso a la entrada es el analista, apenas se establece la relación analítica, relación de supuesta confianza, el analista se torna sospechoso. La sospecha es una creencia que se sustenta en la desconfianza, desconfianza de que el otro no esté a la altura, desconfianza que no facilita en absoluto el vínculo, desconfianza que instala la transferencia negativa que puede arruinar los fundamentos de la experiencia. Pero Miller produce al respecto de este argumento un giro, porque lo que entraña esa sospecha que se sustenta en la desconfianza es lo que al paciente le vuelve como desvalorización, desvalorización porque al análisis entra por el lado del “tú no sabes lo que dices”4 que instala una atmósfera de interpretación por la cual cualquier gesto, acto, palabra del analista puede ser tomado como una interpretación. Entonces la sospecha es de este modo el mensaje de desvalorización que viene del Otro. Es este tú no sabes lo que dices con el que arranca la experiencia, el “que hace de la transferencia negativa el drama inaugural”5.

Es en La dinámica de la transferencia6 donde Freud desarrolla la idea de que la transferencia es un modo de resistencia a la cura, más allá de ser a la vez su resorte fundamental. Cuando se persigue un elemento hasta su raíz en el inconsciente, fácilmente se llega al punto donde emerge una resistencia, es en este punto que sobreviene la transferencia, observable porque se detienen las ocurrencias. Freud afirma que es una modalidad de desfiguración muy consistente y por lo tanto muy frecuente, lo que hace que todos los conflictos deban resolverse en su terreno. A la pregunta de por qué se detienen las asociaciones, si un vínculo amoroso con el analista podría facilitar la confesión, la respuesta la da el descubrimiento del doble carácter de la transferencia, positiva y negativa. Esto permite a Freud afirmar que tanto la transferencia negativa, como la transferencia de impulsos amorosos reprimidos, son apropiadas para encarnar la emergencia de la resistencia. La ambivalencia de las orientaciones de los sentimientos es lo que mejor nos explica la aptitud de los neuróticos para poner sus transferencias al servicio de la resistencia.

Años después, en Análisis terminable e interminable7, dice que bajo el influjo de las mociones de displacer que se registran por la vuelta a la escena de los conflictos defensivos, cobran preeminencia unas transferencias negativas que cancelan por completo la situación analítica.

Manejar la transferencia negativa supone entonces una habilidad necesaria para que lo que empezó no se detenga. Freud parece situarla como lo que acabará con el proceso, sobre todo en el caso de la paranoia. Lacan señala la necesaria prudencia en las intervenciones, aunque no la menciona como lo que podría cancelar la situación analítica, antes bien como lo que la inaugura.

En el Seminario 198 dice que un análisis no es otra cosa que la producción de una neurosis, neurosis que se atribuye a la acción de los padres y que se articula con la posición del analista, añadiendo que todo padre traumático está en la misma posición del analista. Es en la medida en que un significante del analista converge con la neurosis del analizante que ésta se ordena.

Dolors Arasanz

 

Notas:

  1. Lacan, Jacques. “La agresividad en psicoanálisis”, Escritos 1. Siglo XXI, Buenos Aires, 1971, pp. 94-116.

  2. Ibid., p.99.

  3. Miller, Jacques-Alain. La transferencia negativa. Tres Haches, Buenos Aires, 2000.

  4. Ibid., p. 21.

  5. Miller, Jacques-Alain. La transferencia negativa. Op. cit., p. 21.

  6. Freud, Sigmund. “La dinámica de la transferencia”, Obras Completas, vol. XII. Amorrortu, Buenos Aires, 1976, pp. 93-107.

  7. Freud, Sigmund. “Análisis terminable e interminable”, Obras Completas, vol. XXIII. Amorrortu, Buenos Aires, 1976, pp. 211-255.

  8. Lacan, Jacques. El Seminario, libro 19, “…O peor”. Paidós, Buenos Aires, 2012.