Finalizar la sesión analítica: un acto obligado del analista
Desde que Lacan redefiniera en el inicio de su enseñanza la estructura temporal de las sesiones analíticas, pasando de la duración fija establecida en un encuadre previo a la duración variable, la necesidad de un acto se le impone al analista en cada sesión, el acto de darla por terminada. Así Lacan sitúa en el final de la sesión un punto privilegiado en el que la regla del no-actuar del analista encuentra su límite1.
A partir de su síntoma, el analizante teje en sesión un texto hecho de palabras con las que busca tanto un camino de salida para sus padecimientos como la verdad de su ser. El texto que teje es también ropaje con el que vestir su desamparo ante lo real. Será responsabilidad del analista hacer los cortes necesarios en este vestido para que el analizante avance en su trabajo, pueda ir atisbando la desnudez de su goce y pueda ir reconociendo la textura y la forma del tejido de palabras y sentido con el que lo viste.
Respecto a este texto producido en sesión, Lacan nos dirá que analizante y analista están del mismo lado, “al pie del muro del lenguaje”2, añadirá que “es por encima de ese muro […] como vamos a intentar responder al eco de su palabra”3 El acto de finalizar la sesión es precisamente ese intento de respuesta por encima del muro del lenguaje, una manera de contravenir su consistencia.
Estamos en el inicio de la enseñanza de Lacan que sitúa al analista entre dos posiciones frente a este muro del lenguaje: entre su “papel de registro”4, con su silencio receptor del discurso del analizante y su lugar de “dueño de la verdad”5, en tanto que “la suspensión de la sesión no puede dejar de ser experimentada por el sujeto como una puntuación en su progreso”6. Entre estas dos posiciones el analista asume el acto de poner el punto a cada sesión para abrir así el tiempo en el que el analizante se verá impelido a releerse a partir de las consecuencias de esa marca señalada por el final de sesión.
Conforme avanza la enseñanza de Lacan, se hace cada vez más presente, que en las sesiones analíticas no solo es cuestión de texto y puntuación, sino que está el vertido que el analizante hace con su discurso de lo imposible de decir de su goce más íntimo, el objeto a. La presencia del analista garantiza que ese goce vertido será acogido en la sesión hasta el punto de ser él mismo producido como su depositario: “El psicoanalista se hace objeto a. Se hace, entiéndase: se hace producir; objeto a, con el objeto a”7.
¿Cómo orientarse ante esta doble naturaleza de la sesión? Frente al límite que supone lo simbólico para responder a lo real del goce con el que se confronta todo sujeto, solo el acto tiene poder. No será posible avanzar confiando solo en el sentido que se goza en lo simbólico. El analista ha de asumir la limitación del Otro del lenguaje y actuar, siendo instrumento de algo que sabe sin saber, más allá del sentido, haciendo su apuesta para que algo salte por encima del muro del lenguaje y resuene quizás en el analizante.
A la hora de dar por terminada una sesión, el analista se encuentra ante un indecidible, nada está escrito respecto a cuál es el momento idóneo para cortar ni sobre la manera de hacerlo. Hay una indeterminación en juego ¿cuándo aparecerá el instante de ver que precipite el tiempo de comprender que es ese el momento de concluir la sesión? En un intervalo mínimo de tiempo se produce un acto, condensando en él las tres escansiones que Lacan esclareció en El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada8.
Otra enseñanza preciada nos viene de este escrito: la decantación del acto siempre es colectiva, deviene de la relación con el Otro. De la misma manera que los prisioneros han de tener en cuenta el movimiento de los otros prisioneros, el analista ha de esperar a los movimientos del analizante para tomar la decisión de abrir la puerta de salida de la sesión que permitirá introducir en el S1-S2 de fabricación propia del analizante una separación, una apertura, un interrogante, una resonancia que tenga efecto analítico. El reto está en poder tocar algo que suponga un antes y un después, algo que pueda producir en el analizante un atravesamiento en el relato que se repite; un movimiento en la soldadura entre relato y goce o una mutación en la economía del goce de la que padece.
Así, un cierto vértigo acompaña al analista en el inicio de cada sesión, ¿será capaz de atrapar por los pelos a Kairós? ¿lo dejará pasar por inhibición o tal vez por temor a su propio acto? ¿hará un falso corte que alimente la jouissance, el goce del sentido del analizante, su complacencia? ¿sabrá abrir el tiempo de trabajo del analizante hasta la nueva sesión? ¿puede asegurar estar exento de los riesgos de un acting out con el que quiera mostrar al analizante eso que no quiere ver, o de un pasaje al acto, dando por terminada la sesión porque ya se le está alargando demasiado y quiere salir de la escena? Su acto produce un efecto del que poco sabe, podrá hacer sus hipótesis en el control, en la construcción del caso, pero toda la certeza que pueda tener el analizante de su acto en un momento dado, el analista carecerá de ella. El analista se ve así confrontado con la debilidad de su posición de sujeto supuesto saber.
Digamos entonces con Lacan que, en el transcurso de un análisis, “el analista también debe pagar”9 no sólo con sus palabras con efecto de interpretación, no sólo siendo soporte de la transferencia, sino también mezclándose “en una acción que va al corazón del ser”10 y asumiendo el riesgo de dar por finalizada la sesión con un acto sin garantías que implica “su juicio más íntimo”11.El deseo del analista como producto de la experiencia de su análisis y el control de su práctica le permitirá calibrar su acto y arriesgar cada vez su apuesta de finalizar la sesión, poniéndose al servicio de un acto que jalonará el avance del análisis del analizante.
Esperanza Molleda
Notas:
-
Lacan, Jacques. “Función y campo de la palabra y el lenguaje en psicoanálisis”, Escritos 1. Siglo XXI, México, 2009, p. 301. ↑
-
Ibid., p. 303. ↑
-
Ibidem. ↑
-
Ibid., p. 301. ↑
-
Ibidem. ↑
-
Ibidem. ↑
-
Lacan, Jacques. “El acto psicoanalítico”, Otros escritos. Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 399. ↑
-
Lacan, Jacques. “El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo sofisma”, Escritos 1. Siglo XXI, México, 2009, p.199. ↑
-
Lacan, Jacques. “La dirección de la cura y los principios de su poder”, Escritos 2. Siglo XXI, México, 2009, p. 561. ↑
-
Ibidem. ↑
-
Ibidem. ↑