La fuerza viva de la intervención
Una visita al texto de Lacan de 1947 acerca de la psiquiatría y la guerra me permitió recoger la bella frase con la que titulé estas notas. Lacan se refiere allí al “milagro de los primeros pasos freudianos” como aquellos que permitieron “encontrar en el impase como tal de una situación, la fuerza viva de la intervención”1. He hallado en ciernes, en estos primeros pasos lacanianos, la idea de lo que sostiene el acto del analista para Lacan.
Sin duda, mi lectura de ese pasaje supone un cierto forzamiento, pero será lo que me permita recoger los tres términos con más amplitud. La fuerza, lo vivo/lo viviente y la intervención.
Lacan se está refiriendo al trabajo de Bion y Rickmann “dos hombres de quienes se puede decir que brilla en ellos la llama de la creación”2. Es, precisamente, la creación una clave con la cual leer la frase cabecera del texto. ¿Acaso no es del orden de la creación lo que el analista hace ante un impase cuando hablamos de acto del analista?
En un texto de 19993, Miller se refiere a la creación como obtener algo nuevo a partir de nada. Emparenta invención y creación en el punto en que ambas se distinguen de descubrimiento. Descubrimos lo que ya estaba, inventamos y creamos lo que no está. En el acto del analista no se trata de creación artística, sino de matema, de una escritura, “el psicoanalista en el psicoanálisis no es sujeto”4, por tanto, ubica su acto en la topología del objeto, “es por no pensar que el psicoanalista opera”5 El acto del analista se sitúa entre inconsciente y real. Como dice Lacan en 1977 “el inconsciente es un sedimento del lenguaje. En el extremo opuesto de nuestra práctica está lo real”6.
Entonces, tres términos, tres puntos: fuerza, vivo/viviente e intervención.
Fuerza
En la reseña del Seminario sobre el acto, Lacan señala que hay que dar “coraje al analista”7, colocando nada más y nada menos que la ignorancia como punto de partida, es decir, que el coraje se extraería del no saber. A la vez que afirma que no es posible “esbozar lo abrupto lógico del acto sino temperando lo que él suscita de pasión en el campo que comanda”8 aunque se sustraiga, o sea que el analista debe saber de su lugar de desecho.
Tanto el coraje como temperar las pasiones son cuestiones relativas al sujeto, pero en lo que concierne al acto del analista se trata de todo lo contrario. Lo que opera en el acto del analista es lo que no tiene sentido, lo que surge del hueco que puede dar lugar a la desaificación9tal como Lacan se refiere al efecto que produce el acto analítico.
Se puede decir entonces que la fuerza es la de un deseo, del deseo que se verifica cuando hay analista, a lo que llamamos deseo del analista. Y esto confirma tal como lo dice Lacan que “todo psicoanalista […] ninguno lo es”10.
Vivo/viviente
Lacan se refiere a la “fuerza viva” no a lo vivo ni a lo viviente. No obstante, quiero destacar -a raíz de la resonancia que ha tenido la frase para mí- el carácter de “lo viviente” puesto en relación con la intervención del analista. Como ya he dicho, este texto no es posible sin un forzamiento, lo cual no descalifica en sí mismo, su contenido.
La vida no tiene nada de natural para el humano. A la vez que lo real de la vida no es decible, hace falta un significante para sentirse vivo, es necesario el encuentro del lenguaje y el cuerpo, lo que implica que se “transforma la vida en un significante limitado al rasgo unario”11. Esta referencia al rasgo unario es de 1969, hoy hablaríamos del Uno. En todo caso, lo que hay es una disyunción entre lo real de la vida y lo viviente que para el psicoanálisis está determinado por el agujero de la no-relación.
Por lo tanto, en la lógica de esta lectura, la fuerza viva sería una referencia al agujero de la no-relación que está en la base del deseo del analista.
Intervención
El acto ¿es una intervención del analista? ¿O es la intervención lo que podrá constituir un acto? Lacan dedica la introducción al Seminario sobre el acto a destacar aquello que le interesa poner sobre la mesa: “el psicoanálisis hace algo”12 la poesía también -dice, pero no es esto de lo que se trata. La función del acto en psicoanálisis implica profundamente al sujeto. El acto es un franqueamiento y en ese sentido hace a la instalación de la transferencia. Y en cuanto al analista, ¿qué es el acto del analista? ¿la interpretación? ¿el silencio? ¿el corte? Preguntas que Lacan formula para introducirnos en el corazón del asunto. Pero el acto no puede anticiparse.
Entonces cuando la intervención del analista ante un impase -tal como lo decía Lacan en el ’47-, esté motivada por una fuerza viva que provenga de la función llamada del analista, existirá la posibilidad que esa intervención deje una marca imborrable, la de un antes y un después, es decir, que sea un acto.
Patricia Heffes
Notas:
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Lacan, Jacques. “La psiquiatría inglesa y la guerra”, Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 119. ↑
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Ibidem. ↑
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Miller, Jacques-Alain. “La invención psicótica”. Virtualia n.16, 2007. ↑
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Lacan, Jacques. “El acto psicoanalítico. Reseña del Seminario 1967-1968”, Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 397. ↑
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Ibidem. ↑
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Lacan, Jacques. Consideraciones sobre la histeria, EUG, Granada, 2013, p. 24. ↑
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Lacan, Jacques. “El acto psicoanalítico. Reseña del Seminario 1967-1968”. Op, cit., p. 397. ↑
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Ibid., p. 400. ↑
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Ibid., p. 399. ↑
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Ibidem. ↑
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Lacan Jacques. El Seminario, libro XVI, De un Otro al otro. Paidós, Buenos Aires, 2008, p. 333. ↑
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Lacan, Jacques. Le Séminaire, livre XV, L’Acte psychanalytique. Seuil & Le Champ Freudien, París, 2024, p.12.Traduccción de la autora. ↑