EJE
Repetición, iteración y a-temporalidad de la pulsión.
La escansión
Nota sobre el goce y la temporalidad del sujeto
Gustavo Dessal
La teoría freudiana sobre la causalidad psíquica de los síntomas constituye también una revelación de la temporalidad que rige los procesos primarios. Que el inconsciente no “conozca” el tiempo (Lacan ha subrayado en más de una ocasión el sentido de esta afirmación de Freud) no significa que esté exento de una lógica temporal cuyas leyes pueden reconocerse en los productos sintomáticos y en los sueños.
El concepto de retroactividad (Nachträglichkeit) que Lacan desprende de las tinieblas postfreudianas, es el término que anuda la teoría de la represión y la ley de la producción del sentido, a la dimensión temporal propia del proceso primario. Eso es lo que permitirá explicar “que un recuerdo despierte un afecto que no pudo suscitar cuando fue un hecho vivido”, y que “verifiquemos siempre cuando un recuerdo está reprimido, que es sólo a posteriori que se convierte en trauma”1.
Desde sus primeros seminarios Lacan destacó que, más allá de lo imaginario vivido, el tiempo histórico del sujeto se inscribe en las leyes simbólicas del lenguaje. Si recordamos que Lacan reconoció en el Edipo la estructura que traduce la ley en subjetividad, y si confrontamos eso con las patologías de la temporalidad en los fenómenos de forclusión, es posible efectuar una investigación sobre lo que el tiempo en el sujeto le debe a la acción del Nombre del Padre. Dicho de otro modo, existe un lazo interno entre la metáfora y el tiempo: el sujeto no puede inscribirse en el tiempo del Otro más que a partir del momento en que un significante sustituye a otro, empujándolo hacia lo Unterdrückt (lo suprimido). Desde sus orígenes el psicoanálisis tuvo que confrontarse a la función del tiempo en la realización de la subjetividad. De allí, en particular (y la noción clásica de regresión analítica testimonia de ello), la importancia que la rememoración del pasado ha tenido en la técnica analítica, importancia mantenida por Freud hasta la última página de su obra. Pero el hecho de que el acento no sea puesto sobre el acontecimiento vivido, sino en el acto de su decir, en el “cómo” y el “desde dónde” eso se dice, demuestra que la historización no sigue un curso lineal, que el presente resignifica el pasado, y que el pasado opera produciendo efectos en el porvenir.
Un esquema de la memoria
En su carta a Fliess del 6 de diciembre de 1896, Freud presenta su esquema de la memoria basado en un proceso de estratificación de signos. El material de las huellas mnémicas sufre de tanto en tanto una puesta en orden o transcripción, una reacomodación de la estructura significante. “Debo subrayar (escribe) que las transcripciones sucesivas representan la labor psíquica de épocas sucesivas de la vida. En cada límite entre dos de esas épocas, el material psíquico debe someterse a una traducción”. ¿En qué consiste la neurosis? Freud responde: en la persistencia de un anacronismo, es decir, en la falta de traducción de algunos significantes. La Verdrängung es la falta de traducción, y las formaciones del inconsciente son las consecuencias provocadas por la interrupción del ordenamiento. Es importante señalar que las metáforas “reliquias arcaicas” y “fueros” (Freud escribe este último término en castellano) que califican lo reprimido y los productos de retorno, no designan sólo a las Vorstellungen que se sustraen a la traducción periódica, sino también de un modo particular a la forma en que se resuelve el proceso de la excitación. Toda nueva transcripción, explica Freud, consigue inhibir y al mismo tiempo incorporar el goce. Pero cuando falta una transcripción el goce será elaborado de acuerdo con el proceso en vigor en el período psíquico anterior, y “por las vías que fueron entonces accesibles”. La hipótesis de Freud constituye un antecedente de la teoría de la fijación pulsional, y permite comprender mejor la supuesta “atemporalidad” del inconsciente. Sustraído de la “ecualización cuantitativa” (expresión que en la Carta 52 anticipa la función del principio del placer como proceso reductor de la tensión energética2 un goce va a persistir ligado a la cadena de representaciones dominantes excluidas de la retranscripción. No nos parece abusivo “retraducir” el esquema propuesto por Freud como la “temporización” operada por la metáfora paterna, y considerar la fijación pulsional como un aprisionamiento de goce en la lógica temporal de la repetición, en la que se anudan la insistencia de un significante con la inercia de lo real. Si nuestra interpretación es correcta, la carta 52 brinda las coordenadas de un inconsciente ligado a la producción retroactiva del significado (que responde a la definición del inconsciente como discurso del Otro y a la inclusión del sujeto en el tiempo de esta producción), y también a lo real del inconsciente, solidario de la tesis lacaniana del síntoma como letra. La renovación técnica introducida por Lacan en el tiempo de las sesiones, ¿no constituye la prueba de que ha dado toda su importancia y su verdadera profundidad a la certidumbre freudiana de que el inconsciente no tiene en cuenta el tiempo imaginario del sentido? La noción de corte (cuya aplicación empírica entre los analistas no ha abandonado completamente los límites de la intuición) es la piedra angular de una teoría del tiempo que debe operar en el tratamiento del goce.
Hacerse al tiempo
El punto de basta es un término que Lacan extrae de la semántica del tejido y la tapicería. En última instancia, evoca el empleo de la cuerda. Se trata de una anticipación de lo que hace nudo en la estructura, y en la significación. Pero también podemos apreciar su asimilación al registro de la temporalidad, especialmente si, en comparación, nos referimos a lo que sucede en ciertos fenómenos elementales. Recordemos, por ejemplo, lo que Lacan elabora en su “Cuestión Preliminar” sobre la alucinación. La frase: “Vengo de la charcutería...”, que Lacan considera alusiva, “deja en suspenso, conforme a su función llamada de shifter en lingüística, la designación del sujeto hablante mientras la alusión, en su intención conjuratoria sin duda, quedase a su vez oscilante”3. Y el autor agrega de inmediato que “esta incertidumbre toca a su fin, pasada la pausa, con la aposición de la palabra marrana”4 (las cursivas son nuestras). Con la emergencia de este último término el discurso puede llegar a su punto de conclusión.
Lo que queremos destacar con estas últimas citas es esta suspensión de la temporalidad que en el texto de la enferma indican la forclusión del sujeto, y el modo como el retorno en lo real suple el cierre de la intención significativa, y pone término a la suspensión del tiempo subjetivo. La multiplicación de los Nombres del Padre y la teoría generalizada del síntoma como suplencia abren la posibilidad de estudiar otros procedimientos por los cuales el sujeto “se hace” al tiempo.
Gustavo Dessal
g.dess.esp@cop.es
Notas:
- Freud, Sigmund. “Proyecto de una psicología para neurólogos", tomo 1. Biblioteca Nueva, Madrid, 1972 p. 254. ↑
- Freud, Sigmund. “Los orígenes del psicoanálisis”. Alianza Editorial, Madrid 1975, p. 176. ↑
- Lacan, Jacques. “De una cuestión preliminar a todo tratamiento a todo tratamiento posible de la psicosis”. Escritos II. Ediciones Siglo XXI, Madrid, 2013, p. 502. ↑
- Ibid., p. 503. ↑